En la tarde del 1 de octubre de 1949, Pekín dejó de ser el escenario de una guerra civil y se convirtió en el decorado de un Estado nuevo. Desde la tribuna de la Puerta de Tiananmen, Mao Zedong anunció la constitución del Gobierno Popular Central ante cientos de miles de personas. La plaza estaba cubierta de banderas, pero el país proclamado desde aquel balcón aún no estaba enteramente bajo el mando de sus vencedores.
El Ejército Popular de Liberación controlaba el norte, Manchuria y buena parte del centro, mientras las fuerzas de Chiang Kai-shek se replegaban hacia el sur. Nanjing había caído en abril y Shanghái en mayo; las últimas posiciones nacionalistas desaparecerían después. En diciembre, el Gobierno de la República de China trasladaría su capital provisional a Taipéi. El 1 de octubre fue una fundación y una declaración de intenciones: nacía un poder capaz de gobernar la mayor parte del continente, pero la disputa por la representación de China quedaba abierta.
[[IMG: founding ceremony People's Republic of China Tiananmen crowd October 1 1949 historical photograph | La multitud reunida en la plaza de Tiananmen durante la ceremonia de proclamación de la República Popular China, el 1 de octubre de 1949.]]Una república nacida de dos revoluciones
Para entender aquella escena hay que retroceder hasta la caída de la dinastía Qing. La revolución de 1911 derribó el sistema imperial y dio paso a la República de China, pero el poder quedó repartido entre gobiernos rivales y señores de la guerra. Las concesiones extranjeras y la presión de Japón limitaban la soberanía de una república que existía en los documentos, aunque en muchas provincias mandaban ejércitos particulares.
El Partido Comunista de China nació en Shanghái en 1921. Durante unos años colaboró con el Guomindang, el partido nacionalista dirigido primero por Sun Yat-sen y después por Chiang Kai-shek. La alianza participó en la Expedición del Norte de 1926-1927, destinada a derrotar a los señores de la guerra y reunificar el país. La cooperación se quebró en 1927, cuando Chiang ordenó la persecución de los comunistas. La ruptura abrió una guerra que cambiaría de forma varias veces, pero nunca desaparecería del todo.
Mao Zedong comprendió que el Partido no podía repetir el modelo bolchevique de una insurrección urbana en una China campesina. La base comunista se trasladó al campo, donde la organización, la reforma de los alquileres y la disciplina militar se mezclaron con la movilización política. La ocupación japonesa de Manchuria en 1931 y la invasión general de 1937 obligaron a nacionalistas y comunistas a formar un segundo frente común. La tregua fue áspera: el Guomindang soportó la guerra regular y la administración nacional, mientras los comunistas ampliaban sus redes rurales.

La guerra que regresó tras la derrota de Japón
La capitulación japonesa, en agosto de 1945, no trajo paz a China. Dejó un vacío de poder, arsenales abandonados y una pregunta urgente: quién ocuparía Manchuria y las grandes ciudades que Japón había controlado. Estados Unidos transportó tropas nacionalistas hacia antiguos territorios japoneses. La Unión Soviética ocupó Manchuria durante unos meses y se retiró cuando los comunistas estaban en condiciones de avanzar. Cada potencia protegía sus intereses sin entrar directamente en otra guerra.
Chiang Kai-shek y Mao se reunieron en Chongqing en 1945. Los acuerdos hablaban de una reconstrucción política, de un ejército unificado y de la participación de varios partidos. El general estadounidense George Marshall intentó convertir esas promesas en un pacto, pero los dos bandos negociaban mientras ocupaban carreteras, estaciones y depósitos de armas. En el verano de 1946, la lucha dejó de ser una sucesión de choques locales y se convirtió en una guerra abierta.
Sobre el papel, el Gobierno nacionalista tenía más soldados, controlaba las principales ciudades y recibía ayuda estadounidense. La ventaja se desgastó con la inflación, la corrupción y los reclutamientos forzosos. Los comunistas, que después de 1945 ya no eran solo una guerrilla, contaban con una organización más flexible, apoyo rural y armas capturadas a los japoneses en Manchuria. La victoria no fue un regalo de Moscú ni el resultado automático de la pobreza: fue la combinación de estrategia, alianzas locales y el derrumbe político del adversario.

Las campañas que quebraron al Guomindang
El vuelco militar llegó en el otoño de 1948. Tres campañas sucesivas acabaron con la estructura de los ejércitos nacionalistas: Liao-Shen, en Manchuria; Huai-Hai, en la llanura central; y Ping-Jin, en el norte. No fueron batallas aisladas. En ellas se decidía el control de las vías ferroviarias, de las regiones industriales y de los centros de población que permitían mantener una guerra moderna.
Liao-Shen expulsó al Guomindang de Manchuria y dejó a los comunistas una plataforma industrial y militar. Huai-Hai destrozó el dispositivo nacionalista al norte del Yangtsé. Ping-Jin aisló Pekín y Tianjin. En enero de 1949, Fu Zuoyi entregó Pekín sin batalla urbana; la ciudad recuperó el nombre de Beijing y se convirtió en la capital que Mao necesitaba para presentar la revolución como un gobierno nacional.
El colapso continuó hacia el sur. Las negociaciones fracasaron en abril y el Ejército Popular cruzó el Yangtsé. Nanjing cayó el día 23; Shanghái, el 27 de mayo. Cantón cayó en octubre; Chongqing y Chengdu, en noviembre y diciembre. Cuando Mao habló desde Tiananmen, la guerra estaba en su desenlace, no en un punto final limpio. Quedaban fuerzas nacionalistas en el suroeste, Hainan y otros enclaves, mientras Taiwán se convertía en el refugio de la República de China.
[[IMG: People's Liberation Army entering Beijing 1949 archival photograph | Soldados del Ejército Popular de Liberación entran en Pekín en 1949, tras la rendición de la guarnición nacionalista.]]La plaza y los documentos del nuevo poder
La ceremonia del 1 de octubre condensó un trabajo político previo. Entre el 21 y el 30 de septiembre se reunió en Pekín la primera sesión plenaria de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. No era un parlamento elegido en comicios competitivos, pero sí una coalición de partidos minoritarios, organizaciones sociales, delegados del Ejército, representantes regionales y figuras no comunistas dispuestas a colaborar con Mao.
El 29 de septiembre, la conferencia aprobó el Programa Común, marco constitucional provisional de una Nueva Democracia dirigida por la clase trabajadora y asentada en la alianza entre obreros y campesinos. Prometía reforma agraria, igualdad jurídica de las mujeres, autonomía para las minorías nacionales, derechos civiles y protección limitada para la propiedad privada. También ordenaba continuar la guerra hasta unificar el territorio y perseguir a los llamados contrarrevolucionarios. La promesa social y la coerción política aparecían en el mismo documento.
La composición del Gobierno mostraba esa mezcla de coalición y mando centralizado. Mao fue elegido presidente del Gobierno Popular Central y de la comisión militar; Zhou Enlai quedó al frente del Consejo Administrativo y de la política exterior; Zhu De asumió el mando del Ejército Popular. Las organizaciones no comunistas tenían presencia, pero el Partido Comunista conservaba la dirección. La república nacía como un Estado revolucionario bajo el liderazgo de un solo partido.
[[IMG: First plenary session Chinese People's Political Consultative Conference 1949 photograph | Delegados de la primera sesión plenaria de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, reunida en Pekín en septiembre de 1949.]]El final del continente y el comienzo de la Guerra Fría
La proclamación transformó el equilibrio internacional. En Washington, la victoria comunista fue descrita como la pérdida de China y la Casa Blanca mantuvo durante años el reconocimiento de la República de China instalada en Taiwán. La Unión Soviética reconoció al Gobierno de Pekín y Mao viajó a Moscú a finales de 1949 para negociar con Stalin.
La nueva república debía reconstruir un país arrasado por la guerra, la inflación y la ocupación. También tenía que convertir una coalición militar en una administración capaz de recaudar impuestos, repartir tierra y controlar las ciudades. La reforma agraria trajo parcelas para muchos campesinos, pero también acusaciones, expropiaciones y ejecuciones. En las ciudades, el Partido reclamó fábricas, prensa, sindicatos y escuelas. Las promesas de soberanía y justicia social convivieron con la eliminación de la oposición.

Por eso el 1 de octubre no puede leerse solo como el día en que Mao tomó el poder. Una revolución campesina, convertida en ejército y partido, se presentaba como el Estado chino. El Guomindang había perdido el continente, pero no había desaparecido; la República Popular aún debía conquistar, administrar y transformar ese espacio. La rivalidad entre Pekín y Taipéi sería una herida duradera de la política asiática.
En la plaza de Tiananmen se celebró una victoria. Lo que empezó después fue más difícil: construir un país desde las ruinas y decidir quién podía hablar en nombre de China. La fecha quedó fijada como fiesta nacional porque ofrecía una imagen nítida de origen. La historia real era menos ordenada: el Estado nació entre promesas de igualdad, disciplina revolucionaria, violencia y una guerra que continuaría bajo otra forma.