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Siglo XX

Federico García Lorca y el fusilamiento de Víznar, 90 años después

El 18 de agosto de 1936 el poeta granadino fue ejecutado junto a un maestro y dos banderilleros anarquistas cerca de Alfacar. Nueve décadas más tarde, sus restos siguen sin encontrarse.

Carmen Puerta 18 de August de 2026 18 lecturas 8 min de lectura
Federico García Lorca fotografiado a comienzos de los años treinta, poco antes del estallido de la Guerra Civil.
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El 16 de agosto de 1936, Ramón Ruiz Alonso entra en la casa de la familia Rosales, en la calle Angulo de Granada, acompañado de dos hombres armados, y se lleva a Federico García Lorca. El poeta llevaba una semana escondido allí, huyendo de una ciudad que en menos de un mes se había convertido en una ratonera para cualquiera con fama de republicano. Dos días después, en la madrugada del 18 de agosto, lo fusilan junto a un maestro de escuela y dos banderilleros en un camino entre los pueblos de Víznar y Alfacar. Noventa años más tarde, la fosa donde lo enterraron sigue sin encontrarse.

Granada, julio de 1936: una ciudad tomada desde dentro

García Lorca había llegado a Granada a mediados de julio, como cada verano, para instalarse con su familia en la Huerta de San Vicente, la casa de campo a las afueras de la ciudad donde solía escribir. El golpe de Estado contra la República arrancó el 17 de julio en el protectorado marroquí y se extendió a la Península en los días siguientes; el 20 de julio se sumó la guarnición militar de Granada. La ciudad, que había votado mayoritariamente a la izquierda en las elecciones de febrero de ese mismo año, quedó en manos de los sublevados casi sin resistencia armada. Empezó entonces una represión que el arqueólogo Francisco Carrión, de la Universidad de Granada, cifra en unas cinco mil personas fusiladas solo en la provincia.

Entre las primeras víctimas estuvo Manuel Fernández Montesinos, alcalde socialista de la ciudad y cuñado del poeta, casado con su hermana Concha. Lo detuvieron y lo fusilaron a las pocas semanas del golpe. Lorca, que no militaba en ningún partido pero era conocido por sus simpatías republicanas y por su amistad con figuras de izquierda, entendió que su apellido y su fama ya no eran una protección sino un blanco.

La Huerta de San Vicente, la casa de verano de la familia García Lorca en Granada, donde el poeta se alojaba cuando estalló la guerra.
La Huerta de San Vicente, la casa de verano de la familia García Lorca en Granada, donde el poeta se alojaba cuando estalló la guerra.

El refugio en casa de los Rosales

El 9 de agosto, tras varios registros violentos en la Huerta de San Vicente, Lorca buscó refugio en la casa de Luis Rosales, poeta amigo suyo cuyos hermanos militaban en Falange. La familia Rosales, pensó su entorno, podía ofrecerle una protección que la suya propia ya no bastaba para garantizar. Vivió allí una semana, en un dormitorio del piso de arriba del que bajaba solo para comer o leer; cuando la ciudad sufría bombardeos, se refugiaba con la familia en un improvisado refugio.

La denuncia de Ramón Ruiz Alonso

La tarde del 16 de agosto, Ruiz Alonso —exdiputado de la CEDA convertido en miliciano falangista— se presentó en la casa acompañado de Luis García-Alix Fernández y Juan Luis Trescastro Medina, y se llevó a Lorca al Gobierno Civil, donde despachaba el gobernador José Valdés Guzmán. Según recogió después el hispanista Ian Gibson en una entrevista con Miguel Rosales, Ruiz Alonso justificó la detención con una frase que este recordaría durante años: «Hizo más daño con su pluma que otros con la pistola». Ninguno de los Rosales presentes pudo impedirlo.

La madrugada del 18 de agosto en el camino de Víznar

Lorca pasó sus últimas horas en una celda improvisada en el pueblo de Víznar, en un edificio conocido como La Colonia, junto a otros detenidos. De madrugada, hacia las cuatro y cuarenta y cinco, lo sacaron junto a tres hombres más: el maestro de escuela Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas Cabezas. Los cuatro fueron fusilados en un tramo del camino entre Víznar y Alfacar, cerca del paraje conocido como Fuente Grande.

Un informe policial de 1965, hecho público décadas después por la Cadena SER y eldiario.es, describía a Lorca como «socialista y masón» y practicante de «homosexualismo», y añadía que había sido «pasado por las armas después de haber confesado». Otros documentos localizados por distintos investigadores atribuyen a sus verdugos motivos adicionales, desde «rojo peligroso» hasta la acusación, sin ninguna base, de espionaje a favor de la Unión Soviética. El propio pelotón de fusilamiento recibió, según la investigación del historiador Miguel Caballero, un premio de quinientas pesetas y un ascenso en el escalafón.

El barranco entre Víznar y Alfacar, uno de los principales lugares de fusilamiento y enterramiento durante la represión franquista en Granada.
El barranco entre Víznar y Alfacar, uno de los principales lugares de fusilamiento y enterramiento durante la represión franquista en Granada.

¿Por qué mataron a García Lorca?

No existió una orden escrita ni un juicio. Gibson sostiene que la decisión combinó varios motivos que se reforzaban entre sí: el rencor de sectores agrarios granadinos hacia una familia acomodada y de ideas abiertas, la desconfianza hacia un intelectual con contactos republicanos, y el rechazo a su condición homosexual, conocida en los círculos literarios de Madrid y tolerada allí con más naturalidad que en la Granada de provincias de 1936. Ninguno de esos motivos por separado explica del todo el crimen. Juntos, sí.

Noventa años buscando una tumba

Los cuerpos de los cuatro fusilados nunca se entregaron a sus familias. Se enterraron en algún punto del paraje de Fuente Grande, y desde los años sesenta, cuando Gibson empezó a reconstruir el crimen a partir de testigos que aún vivían, la localización exacta de la fosa se convirtió en una pregunta abierta.

En 2009, Francisco Carrión dirigió una excavación de mes y medio en el punto que había señalado décadas antes el investigador catalán Agustín Penón y que Gibson dio después por bueno en sus libros. El resultado fue negativo: «no encontramos ni un solo resto humano», resumió Carrión tras los trabajos. Miguel Caballero excavó por su parte junto a unos pozos del paraje conocido como Peñón Colorado y encontró casquillos de bala, pero tampoco huesos, lo que alimentó la hipótesis de que los restos fueron trasladados en algún momento posterior, quizá cuando el régimen franquista empezó a notar la presión internacional por el caso.

La familia del poeta ha pedido en varias ocasiones que se respete el lugar sin forzar una exhumación, y ha explicado que localizar los restos no es, para ellos, una condición necesaria para hacer memoria. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha seguido, en cambio, presionando por otra vía: el 17 de agosto de este año pidió formalmente al Gobierno acceso a los informes que, según Caballero, Franco encargó en su día a la policía de Madrid sobre el caso Lorca y que deberían conservarse en el archivo del Ministerio del Interior. Esos documentos siguen clasificados: solo dos funcionarios pueden consultarlos, y lo hacen para trámites administrativos, no para investigación histórica. La Ley de Memoria Democrática de 2022 obliga en teoría a desclasificarlos, pero el trámite sigue sin resolverse.

El hispanista irlandés Ian Gibson, autor de las principales biografías e investigaciones sobre el asesinato de García Lorca.
El hispanista irlandés Ian Gibson, autor de las principales biografías e investigaciones sobre el asesinato de García Lorca.

Lo que distingue el caso Lorca de los otros miles de fusilamientos de la Guerra Civil no es la crueldad del hecho, comparable a la sufrida por decenas de miles de personas anónimas, sino la cantidad de atención y de recursos dedicados a resolverlo sin éxito. España es, después de Camboya, el país con más fosas comunes sin identificar del mundo: se calculan más de ciento catorce mil desaparecidos de la represión franquista, la inmensa mayoría sin un Gibson que lleve seis décadas buscando sus huesos. Que ni siquiera el caso más investigado de todos haya podido cerrarse da una idea de la magnitud de lo que queda pendiente con el resto.

Granada conmemoró este aniversario con dos actos. El 17 de agosto, la Diputación organizó en el Parque García Lorca de Alfacar una ceremonia con actuaciones flamencas de Alba Molina y Víctor Franco. Al día siguiente, coincidiendo con la fecha exacta del fusilamiento, un grupo de vecinos y visitantes recorrió a pie «El Último Paseo», la ruta que sale de La Colonia de Víznar y llega hasta el paraje donde se cree que Lorca pasó sus últimos minutos. No hay una tumba que visitar al final del camino. Solo el paraje, el olivar y la fuente que le da nombre, tal y como los describieron los primeros testigos hace ya noventa años.

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