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Atahualpa y la caída del Imperio inca en Cajamarca

La ejecución del último soberano libre de los incas selló en 1533 el fin del Tahuantinsuyo

Carmen Puerta 27 de July de 2026 164 lecturas 8 min de lectura
Retrato del inca Atahualpa, último soberano libre del Imperio inca, según la serie de retratos de la escuela cuzqueña
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La plaza de Cajamarca amanece vacía la mañana del 26 de julio de 1533. Horas antes, entre antorchas y el desconcierto de una tropa inca que espera órdenes a las afueras de la ciudad, ha muerto agarrotado el último soberano que gobernó el imperio de los incas con autoridad plena. Se llamaba Atahualpa, tenía poco más de treinta años y acababa de ganar, apenas unos meses atrás, la guerra civil más sangrienta que había vivido el Tahuantinsuyo. De nada le sirvió.

Su muerte cierra uno de los episodios más estudiados de la conquista de América: el momento en que un puñado de soldados españoles, guiados por Francisco Pizarro, doblegó al imperio más extenso que había existido nunca en Sudamérica sin librar una sola batalla campal.

Un trono ganado en plena guerra civil

Cuando el inca Huayna Cápac murió en 1527, probablemente de una epidemia que ya se había adelantado a los propios conquistadores por las rutas de contacto indígena, dejó el imperio sin un heredero claro. Dos de sus hijos, Huáscar en Cusco y Atahualpa en Quito, se disputaron el trono durante años. La guerra entre ambos hermanos se prolongó desde 1529 hasta 1532 y dejó, según distintas estimaciones, varios cientos de miles de muertos entre los dos bandos.

Atahualpa venció gracias a generales como Quisquis y Chalcuchímac, y ordenó capturar y ejecutar a Huáscar poco después. Fue una victoria corta. Mientras el nuevo inca celebraba su triunfo y se dirigía hacia Cusco para consolidar el poder, un grupo de extranjeros armados con caballos, acero y arcabuces avanzaba desde la costa hacia el interior del país.

Mapa del Imperio inca, el Tahuantinsuyo, dividido por la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa poco antes de la llegada de los españoles
Mapa del Imperio inca, el Tahuantinsuyo, dividido por la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa poco antes de la llegada de los españoles

La trampa de la plaza de Cajamarca

Francisco Pizarro llegó a Cajamarca el 15 de noviembre de 1532 al frente de una expedición minúscula: en torno a 168 hombres, entre soldados de a pie y jinetes. Atahualpa, que acampaba cerca de la ciudad con un ejército que algunos cronistas cifran en decenas de miles de guerreros, aceptó reunirse con los recién llegados al día siguiente, convencido de que unos pocos extranjeros no representaban ningún peligro.

Fue un error de cálculo. Según los relatos de los propios conquistadores, el fraile dominico Vicente de Valverde se adelantó para explicar a Atahualpa, a través de un intérprete, los fundamentos de la fe cristiana y la autoridad del rey de España sobre sus nuevos territorios. El inca, que no conocía la escritura, examinó el libro que le entregaron y lo dejó caer. Ese gesto, real o exagerado por quienes lo contaron después, sirvió a Pizarro como pretexto para dar la señal de ataque.

Un ejército disperso en media hora

Los arcabuces y la caballería, desconocidos hasta entonces para los incas, sembraron el pánico entre la comitiva de Atahualpa, apretujada en la plaza y sin apenas capacidad de maniobra. En menos de una hora murieron alrededor de dos mil indígenas. Del lado español no hubo bajas mortales de peso. Atahualpa fue arrancado de su litera con vida y hecho prisionero, mientras el grueso de su ejército, acampado a poca distancia bajo el mando del general Rumiñahui, se replegaba sin llegar a intervenir.

El rescate más grande jamás pagado por un prisionero

Preso pero todavía con margen para negociar, Atahualpa comprendió enseguida qué buscaban sus captores. Ofreció llenar una habitación de unos 6,7 metros de largo por 5,2 de ancho, hasta donde alcanzara su mano levantada, con objetos de oro, y otras dos estancias iguales con plata. Los españoles marcaron una línea en el muro para fijar el compromiso.

Durante meses, caravanas cargadas con piezas de orfebrería llegaron a Cajamarca desde Cusco, desde el santuario costero de Pachacamac y desde templos repartidos por buena parte del imperio. Vasos ceremoniales, láminas de los muros del Coricancha, figuras rituales: todo acabó fundido en barras para facilitar el reparto entre los conquistadores. Se calcula que el rescate reunió cerca de seis toneladas de oro y algo más de doce de plata, un botín que hoy se contaría en cientos de millones de euros y que además supuso la destrucción irreversible de una parte enorme del arte incaico.

Un juicio con la sentencia decidida de antemano

El rescate se completó, pero la libertad prometida nunca llegó. Entre los hombres de Pizarro crecía el temor a que Rumiñahui, con su ejército todavía intacto cerca de la ciudad, intentara liberar a su soberano por la fuerza. Algunos capitanes, como Hernando de Soto, defendían mantener con vida a Atahualpa como garantía frente a un ataque. Pizarro y su socio Diego de Almagro, que acababa de llegar con refuerzos y presionaba para repartir cuanto antes el botín, optaron por lo contrario.

Se montó entonces un proceso sumario en el que se acusó a Atahualpa de idolatría, de haber ordenado la muerte de su hermano Huáscar, de mantener varias esposas y de conspirar contra los españoles desde su propio cautiverio. El tribunal, formado por los mismos hombres que se beneficiaban de su desaparición, lo condenó a morir en la hoguera esa misma noche.

El bautismo que cambió la hoguera por el garrote

Fray Vicente de Valverde visitó a Atahualpa en su celda para ofrecerle una salida distinta. Le explicó que quienes morían como cristianos recibían sepultura y podían alcanzar el cielo, mientras que los que morían como paganos ardían para siempre. Atahualpa, que temía sobre todo que su cuerpo fuera destruido por el fuego, aceptó el bautismo y recibió el nombre de Francisco, el mismo que el de su verdugo. La pena se conmutó por garrote. Murió esa misma noche en la plaza de Cajamarca, con Valverde junto a él hasta el final.

¿26 de julio o 29 de agosto? Una fecha que aún genera dudas

Muchos calendarios de efemérides siguen situando la muerte de Atahualpa el 29 de agosto de 1533, una fecha que circuló durante generaciones en libros y enciclopedias populares. La revisión de la documentación notarial y de las crónicas más próximas a los hechos, sin embargo, sitúa el episodio un mes antes, el 26 de julio de 1533. Historiadores especializados en la conquista del Perú, incluidos los que han trabajado sobre los expedientes originales del proceso contra el inca, dan hoy por buena esta segunda fecha. El desajuste entre ambas versiones sigue reproduciéndose en artículos y calendarios que copian la cifra equivocada sin comprobarla contra la documentación original.

Lo que se perdió aquella noche en Cajamarca

Lo que hace especialmente relevante la ejecución de Atahualpa no es solo la crueldad del episodio, sino lo que revela sobre el mecanismo mismo de la conquista. Un imperio de varios millones de habitantes, con un ejército muy superior en número, cayó no por la fuerza de las armas españolas en una batalla abierta, sino por la combinación de una guerra civil que lo había debilitado, una estrategia de captura del vértice del poder y el desconcierto que provocó ver desaparecer, de un día para otro, a la figura que sostenía toda la estructura administrativa y religiosa del Estado inca. Sin Atahualpa vivo ni Huáscar, tampoco, el sistema político andino quedó descabezado, y eso facilitó a los españoles avanzar sobre Cusco al año siguiente con relativamente poca resistencia organizada.

La resistencia inca no terminó esa noche. Manco Inca, hermano de los anteriores, se rebelaría pocos años después y fundaría el reducto de Vilcabamba, que resistiría hasta 1572. Pero el imperio como estructura unificada, capaz de movilizar a cientos de miles de hombres bajo una sola autoridad, ya no volvió a existir después de Cajamarca. Ese es el peso real del 26 de julio de 1533: no el final de la resistencia indígena, sino el final del Tahuantinsuyo como imperio en pie.

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