🗼 El único faro romano operativo del mundo está en A Coruña #historia #sabiasque #curiosidades
El único faro romano operativo del mundo está en A Coruña
En lo alto de una península batida por el Atlántico, con el viento gallego golpeando la piedra casi a diario, hay una torre de 55 metros que lleva encendiendo su luz desde hace casi dos mil años. No es una reconstrucción ni una réplica: es el mismo faro que los romanos levantaron para guiar sus barcos hacia el puerto de Brigantium, la actual A Coruña. Hoy sigue en activo, gestionado por la Autoridad Portuaria, lo que lo convierte en el faro romano más antiguo del mundo que todavía cumple su función original.
Subir hasta la linterna implica recorrer 234 escalones repartidos en tres tramos, una cifra que da una idea de la escala de la construcción para su época. Pero lo que hace especial a esta torre no es solo su altura ni su antigüedad, sino el hecho de que ha sobrevivido a naufragios, tormentas, siglos de abandono y al menos una reforma radical sin perder nunca su función esencial: avisar a los navegantes de que la costa está cerca.
Un faro construido entre los reinados de Nerón y Vespasiano
Los arqueólogos sitúan la construcción de la torre entre finales del siglo I y principios del siglo II de nuestra era. La datación se apoya en hallazgos de cerámica sigillata y vasos de paredes finas encontrados en las excavaciones del entorno, piezas que se fechan entre los años 40 y 80 después de Cristo, es decir, en el tramo que va del reinado de Nerón al de Vespasiano. No fue un capricho decorativo: Brigantium se había convertido en un punto clave de las rutas marítimas que unían la Galia y Britania con el resto del Imperio, y una torre de señales en ese tramo de costa, conocido por sus naufragios, resultaba casi imprescindible.
El arquitecto que firmó su obra
Sabemos incluso el nombre de quien la diseñó gracias a una piedra votiva hallada en la base de la torre, dedicada al dios Marte. La inscripción identifica al autor como Cayo Sevio Lupo, arquitecto originario de Aeminium, la ciudad romana que hoy es Coímbra, en Portugal. Es un dato poco frecuente: la inmensa mayoría de las grandes obras públicas romanas nos han llegado sin firma, y aquí, en cambio, conocemos tanto el nombre del ingeniero como su procedencia. En origen la construcción se llamó Farum Brigantium, el faro de Brigantium, nombre que conservó durante siglos antes de que la tradición popular lo bautizara como Torre de Hércules.
De la leyenda de Hércules a la restauración del siglo XVIII
La torre arrastra una leyenda que el propio rey Alfonso X el Sabio recogió por escrito en el siglo XIII. Según ese relato, Hércules se enfrentó al gigante Gerión, un tirano que sometía a la región con crueldad. Tras vencerlo y decapitarlo, el héroe enterró su cabeza bajo un túmulo de piedra y ordenó levantar allí una torre con una hoguera perpetua para señalar el lugar. Sobre esos cimientos legendarios, decía la tradición medieval, se fundó después la propia ciudad de A Coruña.
Durante la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna el faro sufrió un deterioro considerable, hasta el punto de perder su función de guía luminosa en algunos periodos. La recuperación llegó en el siglo XVIII, cuando el teniente de navío Eustaquio Giannini dirigió una restauración integral, completada en 1791 con la ayuda del erudito coruñés José Cornide. Fue esa intervención la que le dio a la torre el revestimiento neoclásico que hoy vemos por fuera, envolviendo el núcleo romano original como una segunda piel. Giannini dejó constancia de su trabajo en una inscripción que todavía puede leerse en la fachada. Gracias a esa reforma, el faro volvió a funcionar de forma continuada, algo que no ha dejado de hacer desde entonces.
Por qué sigue siendo una rareza a escala mundial
Hay faros más altos, más fotografiados o con vistas más espectaculares, pero ninguno combina la antigüedad romana con un uso ininterrumpido como este. La mayoría de los faros de origen antiguo que se conservan en el mundo, empezando por el mítico Faro de Alejandría, desaparecieron hace siglos o solo sobreviven como ruinas arqueológicas. La Torre de Hércules, en cambio, conserva su núcleo original de sillería romana en el interior, envuelto por la carcasa del siglo XVIII, y sigue emitiendo su señal luminosa cada noche para el tráfico marítimo real que entra y sale del puerto coruñés. En 2009 la UNESCO reconoció ese valor excepcional declarándola Patrimonio de la Humanidad, distinción que comparte con muy pocos monumentos de origen romano en España.
Lo que convierte a esta torre en un caso casi único no es un solo elemento, sino la suma de todos: una estructura romana bien documentada, con arquitecto conocido y datación precisa; una leyenda medieval que la conecta con la fundación mítica de una ciudad; una restauración ilustrada que la salvó de la ruina sin borrar su esqueleto original; y, por encima de todo, una función que nunca ha dejado de cumplir. Pocos monumentos antiguos pueden decir que siguen haciendo hoy exactamente lo mismo para lo que fueron construidos hace veinte siglos.
Quien visita A Coruña y sube esos 234 escalones no está entrando en un museo congelado en el tiempo, sino en una pieza de infraestructura viva que ha visto pasar galeras romanas, naves medievales, buques de vela y, ahora, grandes petroleros y portacontenedores. La misma luz que orientaba a los marineros de Brigantium sigue marcando, noche tras noche, dónde termina el mar y empieza la tierra.