🏰 Luis I de España: por qué su reinado fue el más breve de los Borbones #historia #datoscuriosos
Luis I de España, el rey que apenas reinó 229 días
El 16 de enero de 1724 España amaneció con un rey de dieciséis años que apenas sabía qué hacer con la corona recién puesta en sus manos. Se llamaba Luis, era el primogénito de Felipe V, y su reinado sería el más corto de toda la historia de España: 229 días exactos. La historia de Luis I de España es la de un adolescente atrapado entre las decisiones de su padre, una corte que no terminaba de tomárselo en serio y una enfermedad que en aquel siglo mataba sin avisar.
Quién fue Luis I de España, el hijo de Felipe V
Luis nació en Madrid el 25 de agosto de 1707, hijo de Felipe V, el primer Borbón que ocupó el trono español, y de su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya. Fue, de hecho, el primer heredero de la nueva dinastía nacido ya en territorio español, algo que en la época se subrayó como un símbolo del arraigo de los Borbones en el país. En 1722, con apenas quince años, se casó con Luisa Isabel de Orleans, hija del regente francés Felipe II de Orleans, en un enlace pactado para estrechar los lazos entre las dos coronas.
Nada en su educación lo preparó para gobernar de un día para otro. Quienes lo trataron lo describieron como un joven tímido, bienintencionado, pero abrumado por una corte llena de intrigas y de ministros que llevaban años gobernando sin él. Cuando llegó al trono no había cumplido siquiera los diecisiete años. La boda con Luisa Isabel de Orleans, celebrada en 1722, respondía a la lógica dinástica de la época: acercar a las dos ramas borbónicas tras años de recelos entre Francia y España. La pareja apenas tuvo tiempo de construir una vida en común antes de que todo cambiara.
La extraña abdicación que colocó a Luis I de España en el trono
Lo insólito no fue tanto su juventud como el motivo por el que llegó a reinar. El 10 de enero de 1724 Felipe V firmó su abdicación, un documento que su hijo aceptó formalmente el día 15 y que se hizo público el 16, tal como consta en el manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de España. Fue la primera renuncia de un rey en la España moderna, y no fue una decisión bien recibida por todos en la corte.
Detrás de la renuncia había un monarca exhausto. Felipe V arrastraba desde hacía años episodios que los médicos de la época describían como frenesí, melancolía y manía hipocondríaca, un cuadro que hoy probablemente se diagnosticaría como depresión grave o trastorno bipolar, con rachas de actividad frenética seguidas de largos periodos de apatía y desinterés por gobernar. A eso se sumaba, según varios historiadores, un cálculo político: los tratados de Utrecht habían obligado a Felipe V a renunciar a sus derechos sobre la corona de Francia, y en la corte se especuló con que abdicar en su hijo podría dejarle abierta una vía de regreso al trono francés si Luis XV moría sin descendencia. Nada de eso llegó a materializarse, pero explica por qué la abdicación se vivió en Europa como algo más que un simple retiro por cansancio.
Felipe V no desapareció de la vida pública. Se retiró al Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, el palacio que había mandado construir a imitación de Versalles, pero desde allí siguió muy pendiente de las decisiones de gobierno, e influyendo en ellas. El poder seguía repartido entre un gabinete de ministros heredado de su padre, así que Luis I tuvo, en la práctica, poco margen para gobernar por sí mismo.
La viruela que truncó el reinado más corto de la historia de España
El verano de 1724 debía haber sido la primera temporada de un reinado que apenas empezaba a asentarse. Se convirtió, en cambio, en su final. A mediados de agosto, en el palacio del Buen Retiro, Luis I mostró los primeros síntomas de la viruela, una enfermedad que en el siglo XVIII no tenía cura y mataba a una proporción altísima de quienes la contraían en su forma grave, sin distinguir entre un campesino y un rey.
La enfermedad avanzó deprisa. El 25 de agosto el joven monarca cumplió diecisiete años ya gravemente enfermo. Cinco días después, el 30 de agosto, firmó un testamento en el que devolvía la corona a su padre, consciente de que no iba a sobrevivir. Murió al día siguiente, el 31 de agosto de 1724, apenas seis días después de cumplir los diecisiete. Su esposa, Luisa Isabel de Orleans, quedó viuda con dieciséis años.
Con la muerte de Luis I se cerraba un reinado de 229 días, el más breve de cuantos ha tenido España. Felipe V, que en teoría se había retirado para siempre, tuvo que volver a asumir la corona: fue el único monarca español de la Edad Moderna que reinó dos veces. Gobernó otros veintidós años, hasta su muerte en 1746.
Lo que hace especialmente llamativo el caso de Luis I no es solo la brevedad de su reinado, sino lo que revela sobre la fragilidad de las estructuras dinásticas del siglo XVIII: una corona podía cambiar de manos por una crisis de salud mental de un padre y volver a cambiar, ocho meses después, por una infección que hoy se previene con una vacuna y que la Organización Mundial de la Salud declaró erradicada en 1980. En apenas ocho meses España tuvo dos cambios de monarca sin guerra, revolución ni conspiración de por medio, algo casi único en una Europa donde los tronos solían cambiar de dueño a golpe de ejército, no de epidemia.
Hoy Luis I sigue siendo, para la mayoría, poco más que una curiosidad de manual: el rey adolescente al que la viruela borró casi de la memoria colectiva. Pero su breve paso por el trono explica, mejor que muchos reinados largos, lo imprevisible que podía llegar a ser la vida en una corte donde la salud de una sola persona bastaba para reescribir el destino de todo un país.