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Siglo XX

Botsuana, 1966: de protectorado británico a república en el sur de África

Seretse Khama, la herencia del protectorado y la construcción de un Estado independiente junto al apartheid

Carmen Puerta 09 de October de 2026 8 lecturas 9 min de lectura
Seretse Khama, primer presidente de Botsuana, fotografiado en el periodo de la independencia de 1966.
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A medianoche del 30 de septiembre de 1966, una bandera azul con una franja negra bordeada de blanco sustituyó al Union Jack en Gaborone. No nacía una potencia ni un Estado con una administración preparada para gobernar un país moderno: nacía Botsuana, antes protectorado británico de Bechuanalandia, con muy pocas carreteras asfaltadas, escasos centros de enseñanza secundaria y una economía apoyada sobre todo en el ganado. El territorio estaba rodeado por la Sudáfrica del apartheid, Rodesia y el África del Sudoeste administrada por Pretoria.

Sesenta años después, aquella escena se recuerda como el comienzo de una historia de estabilidad y crecimiento. La etiqueta de milagro africano resulta demasiado cómoda si borra lo que había detrás. La independencia fue el resultado de una negociación constitucional, de una competencia electoral y de una disputa sobre quién podía hablar en nombre del país. Los diamantes llegaron después. Antes hubo que convertir un espacio colonial marginado en una república con instituciones propias.

[[IMG: Seretse Khama portrait 1966 Wikimedia Commons | Seretse Khama, primer presidente de Botsuana, durante los años de la independencia.]]

Un protectorado en el margen del imperio

El origen del país se encuentra en la crisis del África austral de finales del siglo XIX. En 1885, tres dikgosi —Khama III de los bangwato, Sebele I de los bakwena y Bathoen I de los bangwaketse— buscaron la protección británica frente a la expansión bóer y a las ambiciones de la British South Africa Company de Cecil Rhodes. Londres proclamó el protectorado de Bechuanalandia. No era una colonia de poblamiento comparable a la vecina Sudáfrica: la Corona asumía la defensa y las relaciones exteriores, mientras los jefes conservaban parte de su autoridad.

La fórmula protegía a los dirigentes tsuana de una absorción inmediata, pero no convirtió al territorio en una prioridad imperial. Durante décadas, la administración tuvo su centro en Mafikeng, al otro lado de la frontera, dentro de Sudáfrica. El traslado de la sede a Gaborone no se produjo hasta 1965, cuando la independencia ya estaba a la vista. Bechuanalandia servía como zona tapón y corredor estratégico, no como proyecto de desarrollo. La población dependía de la ganadería, sufría sequías y enviaba trabajadores a las minas sudafricanas.

Un diagnóstico del Banco Mundial calculó que, en 1966, el país tenía solo seis kilómetros de carreteras asfaltadas, tres escuelas secundarias y muy pocos servicios sanitarios; apenas el 1,5 % de la población había completado la enseñanza primaria. No era una pizarra en blanco: existían redes locales de autoridad, comercio y parentesco. Pero el Estado que heredó la independencia estaba lejos de poder atender por sí solo las necesidades de sus habitantes.

[[IMG: Bechuanaland Protectorate map 1887 Wikimedia Commons | Mapa histórico del protectorado de Bechuanalandia y de las divisiones coloniales de África austral a finales del siglo XIX.]]

De las asambleas locales al sufragio

La política de Bechuanalandia no se reducía a las oficinas británicas. En las aldeas, la kgotla —la asamblea pública convocada por el kgosi, o jefe— servía para deliberar y hacer visible el desacuerdo. No era una democracia igualitaria en el sentido contemporáneo: la autoridad estaba ligada a la posición social y las mujeres quedaron durante mucho tiempo subordinadas. Aun así, aquella costumbre de discutir los asuntos ante la comunidad ofreció un lenguaje político que no desapareció con la administración colonial.

En los años cincuenta y primeros sesenta aparecieron consejos consultivos, organizaciones nacionalistas y partidos con proyectos distintos. El Partido Popular de Bechuanalandia reclamaba una ruptura anticolonial más rápida. El Partido Democrático de Bechuanalandia, dirigido por Seretse Khama y con Quett Masire como colaborador, prefería negociar con Londres y construir primero una maquinaria estatal viable. La diferencia reflejaba dos maneras de entender la descolonización: como ruptura inmediata o como transferencia gradual de competencias.

Gran Bretaña aceptó en 1964 un plan de autogobierno democrático. Las primeras elecciones con sufragio universal se celebraron en marzo de 1965. El partido de Khama obtuvo 28 de los 31 escaños electivos y él asumió el cargo de primer ministro de un Bechuanalandia autónomo. Londres aún retenía la defensa, las relaciones exteriores y parte de las finanzas, pero el resultado dio una legitimidad popular concreta al equipo que negociaría la soberanía. La independencia llegó precedida por una elección y por un debate interno sobre el país que se quería fundar.

Seretse Khama: del exilio al proyecto nacional

La biografía de Seretse Khama condensaba las tensiones de la región. Heredero de la jefatura de los bangwato y estudiante de Derecho en Gran Bretaña, se casó en Londres en 1948 con Ruth Williams, una mujer blanca inglesa. El matrimonio irritó a sectores de su propia comunidad y provocó la hostilidad del Gobierno sudafricano, que temía que una pareja interracial con autoridad al otro lado de la frontera cuestionara el orden racial del apartheid. La presión recayó sobre Londres, responsable último del protectorado.

Tras una investigación y una disputa que llegó al Parlamento británico, Khama fue apartado de Bechuanalandia a comienzos de los años cincuenta. Regresó en 1956, ya sin ejercer la jefatura tradicional. El episodio no fue un simple drama familiar: demostró que el Gobierno británico podía decidir quién tenía derecho a volver a su tierra y hasta dónde llegaba la autonomía que decía proteger. También convirtió a Khama en una figura capaz de unir memoria local, rechazo de la supremacía racial y una idea moderna de ciudadanía.

Cuando organizó el Partido Democrático de Bechuanalandia en 1962, Khama no presentó la independencia como una revancha contra todas las instituciones heredadas. Su estrategia conservó la capacidad de convocatoria de los jefes y de las asambleas locales, pero trasladó la decisión de gobierno a un Parlamento y a un gabinete responsables ante los electores. Esa combinación le permitió hablar a las zonas rurales sin renunciar a un modelo constitucional de inspiración parlamentaria. La tradición podía dar legitimidad, pero no debía sustituir al sufragio.

[[IMG: Seretse Khama Ruth Williams 1948 photograph Wikimedia Commons | Seretse Khama y Ruth Williams en una fotografía de la época de su matrimonio en 1948, un episodio que tuvo consecuencias políticas en todo el África austral.]]

30 de septiembre de 1966

La conferencia constitucional celebrada en Londres en febrero de 1966 acordó el nombre del nuevo país, la fecha de la independencia y el diseño básico de sus instituciones. Bechuanalandia sería una república soberana llamada Botsuana, dentro de la Commonwealth. La Constitución mezcló el modelo de Westminster con una presidencia dotada de poderes ejecutivos. La antigua Cámara de los Jefes, rebautizada como Ntlo ya Dikgosi, quedó como órgano consultivo: reconocía el peso de las autoridades tradicionales sin convertirlas en un segundo gobierno.

La ceremonia de Gaborone tuvo una sobriedad que encajaba con la situación del país. Al llegar la medianoche se arrió la bandera británica y se izó la nueva enseña. Por la mañana, Sir Seretse Khama juró como primer presidente y Quett Masire asumió la vicepresidencia. El Parlamento heredó parte de la estructura legislativa del protectorado, pero ahora respondía ante un Estado soberano. Ese mismo día, Estados Unidos reconoció al nuevo país y Botsuana ingresó en la Commonwealth como su miembro número 25.

El fondo geopolítico era incómodo. El nuevo Estado era pequeño, sin salida al mar y dependiente de rutas y mercados controlados por sus vecinos. Sudáfrica seguía gobernada por una minoría blanca; Rodesia había declarado su independencia unilateral en 1965; Namibia continuaba bajo administración sudafricana. Khama no podía ignorar ese entorno, pero tampoco podía permitirse una política exterior que provocara un bloqueo. La prudencia diplomática fue una forma de supervivencia.

[[IMG: Botswana independence flag raising Gaborone 1966 Wikimedia Commons | Izado de la bandera de Botsuana durante la ceremonia de independencia en Gaborone, el 30 de septiembre de 1966.]]

La riqueza bajo la tierra

El país que celebró la independencia no sabía todavía que su subsuelo iba a alterar el cálculo económico. En 1967 se localizó un gran yacimiento de diamantes en Orapa, al este del Kalahari; la explotación comenzó a principios de la década siguiente. El hallazgo no convirtió automáticamente los minerales en escuelas, carreteras u hospitales. Hizo falta negociar con De Beers, asegurar una parte sustancial de la renta para el Estado y convertir ingresos extraordinarios en presupuestos duraderos. Debswana, participada por el Gobierno y por la compañía minera, fue el instrumento de esa política.

La diferencia con otros países ricos en recursos no estuvo solo en tener diamantes. Los gobiernos de Khama y de Masire mantuvieron una administración fiscal prudente, evitaron guerras civiles y dirigieron buena parte de los ingresos mineros hacia infraestructuras, educación y sanidad. Según el Banco Mundial, la renta por habitante se multiplicó con rapidez desde una base excepcionalmente baja y la inversión pública acompañó la expansión de las carreteras y de los servicios. La explicación exige juntar geología, instituciones y decisiones políticas.

El balance tampoco es una postal sin sombras. La dependencia de los diamantes dejó a la economía expuesta a los ciclos del mercado; la pobreza y la desigualdad no desaparecieron, y la vida rural siguió marcada por la sequía y el acceso desigual a las oportunidades. La larga hegemonía del Partido Democrático de Botsuana aportó continuidad, pero también redujo durante décadas la alternancia. La república fue estable sin ser perfecta, y su trayectoria no puede convertirse en una receta para todo el continente.

La mina de diamantes de Orapa, en Botsuana, es la mayor del mundo por superficie; operada desde 1971, produce unos 11 millones de quilates anuales.
La mina de diamantes de Orapa, en Botsuana, es la mayor del mundo por superficie; operada desde 1971, produce unos 11 millones de quilates anuales.

La lección de aquel 30 de septiembre no cabe en la imagen de una bandera nueva ni en el brillo posterior de una piedra preciosa. Botsuana recibió la soberanía con carencias enormes, en una región dominada por gobiernos que negaban la igualdad racial. Salió adelante porque una sociedad con instituciones locales, una élite política capaz de negociar y un Estado que supo administrar sus recursos fueron encajando sus piezas durante décadas. La independencia fue el comienzo de esa tarea, no su desenlace.

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