El 10 de octubre de 1911, poco después de anochecer, un grupo de soldados se amotinó en Wuchang, una de las tres ciudades que hoy forman Wuhan. No había llegado allí un ejército victorioso ni se había levantado una multitud frente a Pekín. La rebelión empezó dentro de una guarnición del ejército nuevo, creada por la propia dinastía Qing para modernizar su defensa.
Durante la noche, los sublevados ocuparon depósitos de armas y atacaron las oficinas del gobierno provincial. Al amanecer controlaban Wuchang. La noticia corrió por telégrafo. En menos de dos meses, catorce de las dieciocho provincias de la China interior habían roto con la corte. El episodio pasó a la historia como el levantamiento de Wuchang y abrió la Revolución de Xinhai, el proceso que terminó con la última dinastía imperial china.
Un imperio que intentaba reformarse
La casa Qing, de origen manchú, gobernaba China desde 1644. A finales del siglo XIX su autoridad se había desgastado por las derrotas militares, las indemnizaciones y la presión extranjera. Las guerras del Opio habían forzado la apertura de puertos y la cesión de Hong Kong a Gran Bretaña. La derrota ante Japón en 1895 costó Taiwán y debilitó la posición de la corte en el este de Asia. La crisis de los bóxers y la intervención internacional de 1900-1901 añadieron otra carga financiera y política.
La respuesta no fue la inmovilidad. Después de la rebelión de los bóxers, la corte puso en marcha las Nuevas Políticas: escuelas de modelo occidental, reformas administrativas, un ejército moderno y la promesa de una futura monarquía constitucional. En 1905 abolió el sistema de exámenes imperiales, que durante siglos había seleccionado a buena parte de los funcionarios mediante el dominio de los clásicos confucianos. Dos años después empezó a organizar asambleas provinciales electivas.
Esas medidas pretendían salvar la monarquía, pero también crearon espacios para discutir su autoridad. Estudiantes, periodistas, comerciantes y élites locales aprendieron a hablar de nación, representación y soberanía. Los oficiales jóvenes recibieron instrucción militar moderna y quedaron en contacto con círculos políticos que ya no concebían el futuro como una simple restauración del orden tradicional. Sun Yat-sen y la Alianza Revolucionaria, conocida como Tongmenghui, defendían una república y habían promovido varios levantamientos desde el extranjero; otros reformistas querían una monarquía constitucional. En 1911, corrientes distintas coincidieron en que la corte ya no parecía capaz de dirigir la transformación del país.
Los ferrocarriles y la pérdida de autoridad
El detonador inmediato fue una disputa por los ferrocarriles. En mayo de 1911, la corte anunció la nacionalización de varias líneas financiadas por capitales provinciales y trató de obtener préstamos de un consorcio bancario británico, francés, alemán y estadounidense. En Sichuan, donde comerciantes y propietarios habían comprado acciones para construir su propia red, la medida se vivió como una expropiación. Nació el Movimiento de Protección de los Ferrocarriles.
La protesta desbordó los despachos. Hubo huelgas de comerciantes y estudiantes, ligas locales, resistencia fiscal y grupos armados. La corte envió tropas para recuperar el control de Sichuan, entre ellas unidades estacionadas en la vecina Hubei. La operación dejó más expuesta la guarnición de Wuchang y dio a los conspiradores el margen que necesitaban.
En Hubei, el ejército nuevo reunía a hombres familiarizados con las armas de fuego, la disciplina de cuartel y una educación distinta de la de las antiguas tropas de estandarte. En sus filas actuaban la Sociedad Literaria y la Asociación Progresista. No todos sus miembros querían la misma república, pero compartían redes, agravios y la convicción de que una acción militar podía desencadenar un movimiento más amplio. La conspiración se precipitó el 9 de octubre, cuando una explosión accidental en Hankou puso al descubierto parte de la red y permitió a las autoridades iniciar detenciones.
La noche del 10 de octubre
Los hombres que seguían libres comprendieron que esperar significaba exponerse a una redada. La sublevación comenzó dentro de las unidades de ingenieros del ejército de Hubei. Los soldados rebeldes se hicieron con armas y munición, buscaron el apoyo de otros cuarteles y marcharon contra las oficinas del virrey. La autoridad provincial se desmoronó: el alto funcionario abandonó su residencia y los defensores no lograron reorganizar una respuesta eficaz. Durante la madrugada, los revolucionarios extendieron su control por Wuchang.
La victoria militar no resolvía la cuestión del gobierno. Los dirigentes civiles estaban escondidos o habían desaparecido, y los oficiales no coincidían sobre quién debía asumir el mando. Recurrieron a Li Yuanhong, un oficial de la antigua administración con prestigio entre las tropas. El 11 de octubre quedó constituido el Gobierno Militar de Hubei, que proclamó el fin de la autoridad Qing en la provincia y pidió a las demás regiones que se sumaran.
[[IMG: Wuchang Uprising Memorial former Hubei Military Government Red Building Wuhan Wikimedia Commons | El antiguo edificio de ladrillo rojo que albergó el Gobierno Militar de Hubei tras la sublevación de Wuchang, hoy parte del Museo de la Revolución de 1911 en Wuhan.]]El edificio de la oficina consultiva de Hubei se convirtió en la sede de ese gobierno improvisado. La oficina creada para preparar una reforma constitucional pasó a ser el cuartel político de la abolición monárquica. La ruptura no se produjo fuera del Estado, sino en una de sus estructuras recién modernizadas.
La noticia tuvo un efecto que sus organizadores no podían garantizar por sí solos. Hunan, Shaanxi, Jiangxi, Shanxi, Yunnan, Zhejiang y otras provincias declararon su independencia o formaron gobiernos militares. En algunos lugares pesaron más las asambleas provinciales, los comerciantes y los mandos locales que las sociedades revolucionarias. La independencia reunió intereses distintos.
[[IMG: Qing Dynasty Map during Xinhai Revolution 1911 Wikimedia Commons | Mapa de la China de la dinastía Qing durante la Revolución de Xinhai, con el foco inicial de la sublevación en Wuchang.]]De una guarnición a una revolución nacional
La corte intentó recuperar Wuhan. A mediados de octubre envió contra el foco rebelde al ejército de Beiyang, la fuerza mejor organizada del norte. Los combates se concentraron en Hankou, Hanyang y Wuchang. La batalla de Yangxia, desarrollada entre el 18 de octubre y el 1 de diciembre, fue la mayor operación militar de la Revolución de Xinhai. Los revolucionarios resistieron, pero el frente mostró que la insurrección no iba a resolverse con una marcha triunfal hacia Pekín.
[[IMG: Revolutionary soldiers at Wuchang Battle of Yangxia 1911 Wikimedia Commons | Soldados revolucionarios fotografiados en Wuchang durante los combates de la Revolución de Xinhai, 1911.]]Hubo artillería, unidades que cambiaron de bando, ciudades industriales dañadas y decisiones tomadas por oficiales que debían sostener a la vez la guerra y la administración civil. El éxito de Wuchang no había destruido al ejército Qing; había puesto en marcha una lucha por su lealtad.
Sun Yat-sen no dirigió aquella primera noche. Se encontraba en Estados Unidos recaudando fondos y supo de la sublevación cuando ya estaba en marcha. Viajó a Europa para intentar que las potencias no financiaran ni armasen a la corte y regresó a China a finales de diciembre. Su prestigio ayudó a articular la república, pero el movimiento tuvo muchos actores: soldados de Hubei, asambleas provinciales, comerciantes, reformistas y generales que decidieron no morir por una dinastía en retirada.
[[IMG: Sun Yat Sen portrait 2.jpg Shanghai Tongsheng Photo Studio 25 December 1911 Wikimedia Commons | Sun Yat-sen en un retrato de estudio realizado en Shanghái el 25 de diciembre de 1911, tras su regreso a China.]]El 1 de enero de 1912, una asamblea reunida en Nanjing proclamó la República de China y eligió a Sun como presidente provisional. El nuevo gobierno controlaba una parte limitada del territorio. En el norte, la corte todavía conservaba la figura del emperador y el ejército de Beiyang seguía siendo la fuerza mejor preparada del país.
Yuan Shikai y el final de la monarquía
Para salvar el trono, la corte llamó a Yuan Shikai, el general que había organizado el ejército de Beiyang y que había quedado apartado del poder. En noviembre fue nombrado primer ministro. Yuan entendió que podía derrotar a los republicanos en el campo de batalla, pero también que una guerra larga podía destruir la autoridad que aspiraba a heredar.
Las negociaciones abrieron una salida de compromiso. Sun aceptó que Yuan presidiera la nueva república si conseguía la abdicación imperial y mantenía la unidad del país. Fue un pacto entre revolucionarios sin fuerza suficiente para imponerse y un general que disponía del ejército más potente de China.
El 12 de febrero de 1912, la regente Longyu promulgó en nombre del niño emperador Xuantong, conocido en Occidente como Puyi, el edicto de abdicación. Terminaban 268 años de dominio Qing y, con ellos, la institución imperial que había organizado la política china desde la unificación de Qin, más de dos milenios antes.
[[IMG: Yuan Shikai sworn in as Provisional President 10 March 1912 Wikimedia Commons | Yuan Shikai presta juramento como presidente provisional de la República de China el 10 de marzo de 1912.]]Yuan tomó posesión el 10 de marzo en Pekín. Sun había cedido el cargo, pero no desapareció la disputa por el sentido de la república. La nueva república quedó sometida a la presión de los ejércitos regionales. El cambio de régimen fue real; la democracia que muchos revolucionarios habían anunciado no quedó asegurada.
Lo que Wuchang cambió
La Revolución de Xinhai no repartió la tierra ni desmontó las jerarquías sociales. Tampoco convirtió de inmediato a China en un Estado estable. Las provincias conservaron fuerzas armadas propias, la hacienda central siguió siendo frágil y el vacío dejado por la corte favoreció el ascenso de los señores de la guerra. La joven república entró pronto en una etapa de conflictos que duraría décadas.
Su alcance histórico se mide en otro terreno. La sublevación acabó con una forma de legitimidad que parecía inseparable de China: el emperador como centro del orden político. El 10 de octubre, el Doble Diez, no recuerda solo una noche de disparos en una guarnición. Recuerda el momento en que las reformas pensadas para conservar un imperio crearon soldados, instituciones y redes capaces de retirarle su obediencia. Wuchang no derribó por sí sola a la dinastía Qing, pero hizo visible que el poder imperial ya no podía decidir qué significaba modernizar China.