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Edad Moderna

El David de Miguel Ángel y su instalación en Florencia en 1504

Cómo un bloque de mármol abandonado durante veinticinco años se convirtió en el símbolo de la República Florentina

Carmen Puerta 16 de August de 2026 27 lecturas 7 min de lectura
El David de Miguel Ángel, conservado desde 1873 en la Galleria dell'Accademia de Florencia
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Cuarenta hombres, cuatro días y media milla de calles estrechas. Así resumen los registros municipales de Florencia el traslado de un bloque de mármol de más de cinco toneladas desde el taller de la catedral hasta la Piazza della Signoria, en el corazón político de la ciudad. Era junio de 1504. El bloque, tallado por un joven escultor de veintiséis años llamado Miguel Ángel Buonarroti, representaba a David, el pastor bíblico que había vencido a Goliat. El 8 de septiembre de ese año, tras meses de obras de cimentación en la plaza, la estatua quedó finalmente descubierta ante los florentinos.

La imagen que hoy reconoce medio mundo, el joven desnudo con la honda al hombro y la mirada fija en un enemigo invisible, no nació como un simple encargo artístico. Nació de un bloque de piedra que llevaba un cuarto de siglo estorbando en un patio, y terminó convertido en el símbolo político de una república que se sentía rodeada de enemigos.

El bloque de mármol que nadie quiso terminar

La historia empieza en 1464, cuarenta años antes de la instalación. La Opera del Duomo, el organismo encargado de las obras de la catedral de Florencia, encargó a Agostino di Duccio un bloque de mármol de Carrara para tallar una gran figura profética destinada a coronar uno de los contrafuertes del templo. Di Duccio apenas desbastó el torso, las piernas y los pies antes de abandonar el encargo. Cuando Donatello, entonces supervisor del proyecto, murió en 1466, el trabajo quedó paralizado por completo.

Una década después, en 1476, se encargó a otro escultor, Antonio Rossellino, que retomara la pieza. El contrato se rescindió casi de inmediato. El bloque, ya dañado por los primeros intentos y considerado por muchos artesanos florentinos como un mármol defectuoso e inservible, quedó abandonado a la intemperie en el patio de la Opera del Duomo durante los siguientes veinticinco años. Se le conocía simplemente como "el Gigante".

Retrato de Miguel Ángel Buonarroti, atribuido a Daniele da Volterra
Retrato de Miguel Ángel Buonarroti, atribuido a Daniele da Volterra

Miguel Ángel firma el contrato de 1501

El 16 de agosto de 1501, la Opera del Duomo le entregó el bloque a Miguel Ángel, que empezó a trabajar en él el 13 de septiembre siguiente. Cobraba seis florines al mes y el contrato fijaba un plazo de dos años, aunque el trabajo se prolongó casi tres. Miguel Ángel resolvió el problema que había hecho fracasar a sus predecesores: la piedra era estrecha y poco profunda, así que ideó una figura de torsión sutil que aprovechaba cada centímetro disponible sin necesidad de añadir mármol de otro bloque, algo que en la escultura de esa época se consideraba casi una trampa. Terminó la obra a finales de enero de 1504.

Una comisión de artistas decide dónde debía ir el David

Nada más terminarse la escultura, quedó claro que jamás llegaría al contrafuerte de la catedral para el que había sido pensada en origen: pesaba demasiado y la altura hacía inviable subirla. Las autoridades florentinas convocaron entonces una comisión de una treintena de ciudadanos, entre ellos varios de los artistas más reconocidos de la ciudad, para decidir qué hacer con ella. Participaron Leonardo da Vinci, Sandro Botticelli, Piero di Cosimo, Cosimo Rosselli y Giuliano da Sangallo, entre otros.

Se barajaron hasta nueve emplazamientos distintos. Leonardo, según los registros de la deliberación, prefería una ubicación discreta bajo los arcos de la Loggia dei Lanzi, algo apartada de la vista directa. Ganó, sin embargo, la propuesta de colocarla justo a la entrada del Palazzo Vecchio, sede del gobierno republicano, en sustitución del Judit y Holofernes de bronce de Donatello, que fue trasladado a otro punto de la plaza.

El Judit y Holofernes de bronce de Donatello, la obra que el David sustituyó en la entrada del Palazzo Vecchio
El Judit y Holofernes de bronce de Donatello, la obra que el David sustituyó en la entrada del Palazzo Vecchio
La Piazza della Signoria de Florencia, sede del gobierno republicano donde se instaló el David en 1504
La Piazza della Signoria de Florencia, sede del gobierno republicano donde se instaló el David en 1504

Cuatro días para mover una estatua de cinco toneladas

El traslado, en junio de 1504, se convirtió en una operación de ingeniería considerable para la época. La estatua, de algo más de cinco metros de altura y más de cinco toneladas de peso, se suspendió dentro de un armazón de madera y se desplazó rodando sobre catorce troncos engrasados. Más de cuarenta hombres se turnaron durante cuatro jornadas para cubrir apenas ochocientos metros de distancia entre el taller de la catedral y la plaza.

Durante el trayecto, la estatua tuvo que ser custodiada por la noche: hubo intentos de apedrearla, probablemente por parte de partidarios de los Médici, la familia que hasta 1494 había gobernado Florencia y que veía en la nueva escultura un símbolo incómodo de la república que la había desterrado.

El material que Miguel Ángel convirtió en virtud

El mármol de Carrara, extraído de las canteras de la región toscana desde época romana, tenía fama de ser la piedra más noble para la escultura monumental, pero el bloque concreto usado para el David arrastraba fama de defectuoso desde hacía décadas. Convertirlo en una de las esculturas más admiradas de la historia del arte occidental reforzó, más que ninguna otra cosa, la leyenda de la habilidad de Miguel Ángel: había logrado algo que otros dos escultores habían considerado imposible con la misma piedra.

Las canteras de mármol de Carrara, en la Toscana, de donde procedía el bloque tallado por Miguel Ángel
Las canteras de mármol de Carrara, en la Toscana, de donde procedía el bloque tallado por Miguel Ángel

¿Por qué el David se convirtió en símbolo político de Florencia?

La respuesta tiene que ver con el momento exacto en que se instaló. Florencia vivía desde 1494 bajo un gobierno republicano, tras la expulsión de los Médici, y se sentía amenazada por potencias vecinas mucho más poderosas: Milán, Nápoles y los propios Estados Pontificios. David, el joven pastor que se enfrenta sin armadura a un gigante muchísimo más fuerte que él, encajaba perfectamente como metáfora de una ciudad pequeña que resistía frente a rivales mayores.

La estatua no representaba al David triunfante de después de la batalla, como habían hecho escultores anteriores mostrándolo con la cabeza cortada de Goliat en la mano. Miguel Ángel lo capturó en el instante previo al combate, con el cuerpo en tensión y la mirada de alerta. Esa elección, más psicológica que narrativa, es una de las razones por las que la crítica de arte sigue situando esta obra en un punto de inflexión entre el Renacimiento temprano y el llamado Alto Renacimiento.

Una réplica en la plaza, el original bajo cúpula

El David permaneció a la intemperie en la Piazza della Signoria durante casi cuatro siglos, expuesto a la lluvia, al sol y en 1527 a un ataque directo durante un motín político que le rompió el brazo izquierdo en varios pedazos. Fue restaurado, pero el deterioro del mármol siguió avanzando. En 1873, tras detectarse grietas preocupantes en la pierna izquierda, probablemente causadas por un hundimiento desigual del terreno bajo el pedestal, las autoridades italianas decidieron trasladarlo a un espacio cerrado. El traslado se completó entre julio y agosto de ese año y desde 1882 la escultura original se conserva en la Galleria dell'Accademia, bajo una cúpula construida expresamente para ella. En la plaza original quedó, desde 1910, una copia de mármol que ocupa el lugar exacto donde estuvo el David durante más de trescientos setenta años.

Lo que hace singular este episodio, más allá del virtuosismo técnico, es la distancia entre el origen del bloque y su destino final. Nadie planeó en 1464 que aquella piedra descartada terminaría representando la resistencia de una república entera contra sus enemigos. Esa transformación, de material de desecho a símbolo cívico, dice tanto sobre el talento de Miguel Ángel como sobre la capacidad de una ciudad para reinterpretar sus propios objetos y convertirlos en algo más grande que su función original.

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