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Siglo XX

El 17 de octubre de 1945 y el nacimiento del peronismo

Trabajo, sindicatos y poder en la jornada que llevó a Juan Domingo Perón al centro de la política argentina

Carmen Puerta 02 de November de 2026 5 lecturas 9 min de lectura
La Plaza de Mayo durante la concentración popular del 17 de octubre de 1945, fotografiada por el Archivo General de la Nación Argentina.
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En la tarde del 17 de octubre de 1945, la Plaza de Mayo dejó de ser durante unas horas el escenario reservado para los actos del Estado. Columnas de trabajadores llegadas desde los suburbios ocuparon el espacio frente a la Casa Rosada y esperaron una respuesta que el gobierno militar quería aplazar: la libertad del coronel Juan Domingo Perón. La multitud no acudía a celebrar una victoria. Había ido a reclamarla.

Cuando Perón apareció por la noche en el balcón presidencial, la relación entre un dirigente todavía sin cargo y sus seguidores quedó convertida en una alianza política visible. El episodio dio origen al llamado Día de la Lealtad y suele considerarse la fecha fundacional del peronismo. Reducirlo a la imagen de hombres con los pies en una fuente sería perder lo que estaba en juego: quién podía entrar en la plaza y hablar en nombre de la nación.

Vista parcial de la Plaza de Mayo durante la concentración popular en apoyo a Juan Domingo Perón, Buenos Aires, 17 de octubre de 1945.
Vista parcial de la Plaza de Mayo durante la concentración popular en apoyo a Juan Domingo Perón, Buenos Aires, 17 de octubre de 1945.

Una Argentina que estaba cambiando

La escena tenía raíces anteriores al coronel. La Argentina de los años treinta arrastraba el fraude electoral, la desigualdad social y la desconfianza hacia unos partidos que habían gobernado durante la llamada Década Infame. La crisis mundial golpeó el modelo agroexportador y la Segunda Guerra Mundial aceleró una industrialización orientada a sustituir productos que ya no llegaban desde Europa. En torno a Buenos Aires crecieron fábricas, frigoríficos, talleres y barrios obreros.

Familias procedentes de las provincias se instalaron en los bordes urbanos junto a comunidades de inmigrantes y sus descendientes. Traían experiencias sindicales, memorias de huelgas y demandas de protección social. Lo nuevo fue su concentración en centros industriales capaces de paralizar la economía y hacer visible su presencia en el corazón político del país.

Berisso permite observar esa transformación a ras de suelo. En la calle Nueva York, junto al puerto, se agrupaban viviendas populares, pensiones y los caminos hacia los frigoríficos Swift y Armour. Sus obreros, organizados en buena medida alrededor del sindicato de la carne y de dirigentes como Cipriano Reyes, fueron de los primeros en moverse cuando la detención de Perón puso en peligro las mejoras obtenidas. La jornada no nació en la plaza: empezó también en los talleres, los barrios y las fábricas.

Montevideo
Montevideo

El coronel y la Secretaría de Trabajo

Perón había llegado a la política desde el Ejército. Participó en el golpe del 4 de junio de 1943, que derribó al presidente Ramón Castillo, y formó parte del Grupo de Oficiales Unidos. En octubre de aquel año asumió el Departamento Nacional del Trabajo, un organismo de alcance limitado que pronto se transformó en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Desde allí construyó poder interviniendo en conflictos laborales, negociando con sindicatos y convirtiendo acuerdos dispersos en normas generales.

Se multiplicaron los convenios colectivos, los tribunales de trabajo y las disposiciones sobre accidentes, salarios mínimos, jubilaciones y vacaciones pagadas. El Estado empezó a presentarse como árbitro entre empresarios y trabajadores. Perón necesitaba una base social y los sindicatos buscaban un interlocutor capaz de hacer cumplir viejas reivindicaciones.

La Secretaría no creó de la nada las aspiraciones obreras. Muchas procedían de décadas de organización socialista, sindicalista y anarquista. La novedad fue su escala y el modo en que un militar nacionalista las incorporó a un proyecto de poder. Para octubre de 1945, Perón había acumulado también los ministerios de Guerra y la vicepresidencia. Esa concentración alarmó a otros oficiales y a sectores civiles.

La caída de octubre y la marcha a la plaza

La oposición a Perón reunía mandos militares que querían recuperar el control del gobierno, dirigentes partidarios que reclamaban elecciones sin tutela castrense, universitarios y empresarios que rechazaban la intervención estatal en las relaciones laborales. No compartían el mismo programa, pero coincidían en que el coronel había adquirido una influencia excesiva. La presión de Campo de Mayo lo obligó a renunciar a sus cargos el 9 de octubre.

Al día siguiente se despidió de sus seguidores ante la Secretaría de Trabajo. El discurso dejó una sensación de amenaza entre quienes dependían de las nuevas normas y temían que, sin su protector, regresaran los despidos y la negociación de espaldas a los obreros. El 12 de octubre fue detenido y trasladado a la isla Martín García. La orden pretendía apartarlo de la escena mientras el gobierno militar buscaba una salida civil. Produjo el efecto contrario.

La Confederación General del Trabajo convocó una huelga para el 18 de octubre, pero la noticia corrió antes por los barrios industriales. El 16 ya había protestas en Berisso y en otras localidades del sur bonaerense. Las columnas avanzaron a pie, en trenes y en tranvías; salieron de frigoríficos y fábricas, cruzaron puentes y avenidas y encontraron a otros grupos. Hubo organización sindical, pero también decisiones tomadas lejos de las cúpulas.

La cifra exacta de participantes sigue siendo discutida. Las estimaciones oscilan entre decenas de miles y varios cientos de miles. La magnitud política no depende de escoger un número: la Plaza quedó llena, el tráfico se alteró y el gobierno tuvo que decidir entre reprimir o negociar. La segunda opción se volvió inevitable cuando parte del Ejército comprendió que Perón seguía teniendo respaldo fuera de los cuarteles.

Perón había sido trasladado desde Martín García al Hospital Militar por su estado de salud. A última hora llegó a la Casa Rosada y habló desde el balcón junto al presidente Edelmiro Farrell. Anunció su retiro de la vida militar y pidió calma, pero el sentido del acto no era el de una despedida. La multitud había conseguido traerlo de vuelta y obligar al gobierno a reconocerla como interlocutora.

Una movilización discutida

Durante décadas, el 17 de octubre fue contado mediante dos versiones enfrentadas: una maquinaria sindical preparada con antelación o una irrupción espontánea de trabajadores ausentes de la política nacional. La investigación histórica ha matizado esa oposición. Hubo dirigentes que negociaron, sindicatos que movilizaron recursos y trabajadores que actuaron sin esperar instrucciones de las cúpulas.

Cada versión borra a unos protagonistas. Si la jornada fue solo una operación de Perón, los obreros aparecen como espectadores. Si fue una explosión sin organización, desaparecen las asociaciones que habían construido capacidad de acción durante años. La evidencia apunta a una mezcla: una estructura sindical que abrió caminos y una multitud que decidió cuánto tiempo permanecería en ellos.

Algo parecido ocurre con Eva Duarte. La memoria peronista la convirtió en figura central de la liberación de Perón, mientras algunas versiones opositoras le atribuyeron una capacidad de mando total. La documentación no permite sostener que organizara por sí sola todas las columnas. Sí permite situarla dentro del entorno de Perón, un papel que crecería después, cuando el movimiento se transformara en gobierno.

Una victoria que cambió el poder

El 17 de octubre no fue todavía una elección ni una revolución institucional. Fue una demostración de fuerza que modificó la política. En los días siguientes, los sindicatos impulsaron el Partido Laborista y ofrecieron a Perón la estructura electoral que necesitaba. En febrero de 1946 ganó las elecciones presidenciales frente a la Unión Democrática. El coronel que había participado en un golpe militar llegó a la presidencia mediante el voto, sostenido por trabajadores organizados, sectores nacionalistas, grupos radicales y parte de la Iglesia.

El nuevo gobierno amplió la protección social, reconoció derechos laborales y aprobó en 1947 el sufragio femenino. Muchas de esas demandas tenían antecedentes anteriores a Perón; su habilidad consistió en reunirlas bajo un lenguaje político nuevo y hacer que el Estado apareciera como garante directo. La lealtad a Perón pasó a funcionar como una forma de pertenencia.

En octubre de 1946, el Congreso declaró feriado nacional el 17 de octubre. La fecha quedó convertida en ceremonia oficial. Ese gesto revela la doble naturaleza del peronismo naciente: abrió la puerta de la política a sectores tratados hasta entonces como fuerza de trabajo, pero lo hizo alrededor de un liderazgo personal y de un gobierno dispuesto a limitar a sus adversarios.

Perón y Evita saludan a la multitud desde el balcón de la Casa Rosada.
Perón y Evita saludan a la multitud desde el balcón de la Casa Rosada.

La imagen de los trabajadores en la fuente sobrevivió porque resume una transgresión concreta: quienes habían llegado desde los márgenes industriales entraron en el espacio simbólico del poder y no aceptaron marcharse sin una respuesta. El 17 de octubre no resolvió las tensiones de la Argentina. Abrió otras, entre inclusión social y disciplina política, entre sindicatos autónomos y Estado, entre derechos colectivos y culto al dirigente.

Por eso la fecha sigue siendo más que el aniversario de la liberación de un coronel. Fue el momento en que una clase trabajadora organizada descubrió que podía hacer caer una decisión tomada en los cuarteles. Desde entonces, cualquier proyecto de poder en Argentina tuvo que contar con ella, combatirla o intentar hablar en su nombre. La plaza no volvió a ser la misma.

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Marcelo Larraquy, historiador y periodista, reconstruye la trayectoria de José López Rega y su influencia en la Argentina de los años setenta. El libro examina su relación con Perón e Isabel Martínez, la gestación de la Triple A y la violencia del tercer gobierno peronista.

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