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Edad Media

Ricardo Corazón de León y la matanza de judíos que siguió a su coronación en 1189

El 3 de septiembre de 1189, la ceremonia de Westminster desató una ola de violencia antijudía en Inglaterra que culminó meses después en York

Carmen Puerta 09 de August de 2026 39 lecturas 8 min de lectura
Efigie funeraria de Ricardo Corazón de León en la abadía de Fontevraud, Francia.
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Westminster, 3 de septiembre de 1189. La abadía está llena de nobles, obispos y curiosos que quieren ver cómo un hombre de treinta y un años recibe la corona de Inglaterra. Ricardo, duque de Aquitania, ya es célebre por su valor en el campo de batalla, y ha organizado la ceremonia con la urgencia de quien piensa marcharse pronto: tiene previsto partir hacia Tierra Santa al frente de la Tercera Cruzada en cuanto deje resuelto el reino que acaba de heredar de su padre, Enrique II. Nadie en la abadía sospecha que, antes de que caiga la noche, los barrios judíos de Londres empezarán a arder.

La orden que nadie debía cruzar

Entre la multitud que esperaba fuera de Westminster se encontraba una delegación de judíos ingleses, algunos de ellos entre los prestamistas más ricos del reino, que acudían a presentar sus respetos y regalos al nuevo monarca, como era costumbre con cualquier soberano recién coronado. Ricardo había prohibido expresamente que mujeres y judíos entraran en la abadía durante la ceremonia. Cuando el grupo se acercó de todos modos, los guardias de la corte los recibieron a golpes y los echaron a patadas de la escalinata, según relata el cronista Roger de Howden, cercano a los hechos.

La escena, presenciada por buena parte de la gente reunida en la calle, corrió de boca en boca con rapidez. En cuestión de horas circulaba por Londres un rumor que nadie había autorizado: que el propio rey había ordenado matar a los judíos de la ciudad. Roger de Howden y otro cronista de la época, Guillermo de Newburgh, coinciden en que la violencia arrancó esa misma tarde, mientras en la abadía se celebraba el banquete de coronación.

La abadía de Westminster, en Londres, donde Ricardo Corazón de León fue coronado rey el 3 de septiembre de 1189.
La abadía de Westminster, en Londres, donde Ricardo Corazón de León fue coronado rey el 3 de septiembre de 1189.

El incendio de Old Jewry

El barrio judío de Londres, conocido como Old Jewry, se convirtió en objetivo esa misma noche. Grupos armados prendieron fuego a las casas de piedra donde vivían las familias judías —construidas así, precisamente, porque ofrecían más protección que las viviendas de madera del resto de la ciudad— y mataron a quienes intentaban escapar de las llamas. Benedicto de York, un prestamista que había acudido a la coronación, murió pocos días después a consecuencia de las heridas, tras verse obligado a fingir su conversión al cristianismo para salvar la vida. Entre las víctimas figuraba también Jacob de Orleans, descrito por los cronistas como un hombre culto y respetado.

Quienes lograron huir buscaron refugio en la Torre de Londres, la única fortaleza de la ciudad capaz de ofrecerles protección real. Ricardo, al conocer lo ocurrido, se mostró furioso —más por el desorden público y la amenaza a sus ingresos, según los relatos de la época, que por compasión hacia las víctimas— y ordenó ejecutar a varios de los responsables identificados. Fue un gesto tardío: el mensaje ya había calado en otras ciudades del reino.

Una violencia que se extendió por el reino

Durante los meses siguientes, entre finales de 1189 y la primavera de 1190, los ataques contra comunidades judías se repitieron en Lynn, Norwich, Stamford, Colchester, Thetford y Ospringe. El 18 de marzo de 1190, en Bury St. Edmunds, una turba mató a 57 judíos. El patrón se repetía casi siempre igual: la Cuaresma cristiana, que ese año coincidía con los preparativos de la cruzada, alimentaba un ambiente de fervor religioso, y nobles o comerciantes con deudas pendientes con prestamistas judíos encontraban en los disturbios una forma cómoda de librarse de lo que debían sin pagarlo.

El episodio más grave, con diferencia, ocurrió en York.

York: una comunidad respetada en el punto de mira

La comunidad judía de York se había asentado en la ciudad hacia la década de 1170, atraída por las oportunidades del comercio y el préstamo. Entre sus miembros más destacados estaban Josce, que vivía en Fossgate, y el propio Benedicto, antes de morir en Londres. A comienzos de la década de 1180, la comunidad hizo venir desde la localidad francesa de Joigny a un erudito llamado Yom Tov, para que ejerciera de rabino y maestro. Sus escritos litúrgicos, entre ellos el poema Omnam Ken, todavía se recitan en algunas comunidades judías la víspera de Yom Kipur.

La noche del 16 de marzo de 1190 estalló un incendio en la ciudad, y un noble local llamado Richard Malebisse, muy endeudado con el prestamista Aarón de Lincoln, aprovechó la confusión para lanzar a una multitud contra la casa de la viuda de Benedicto, a la que asesinaron junto a sus hijos. El resto de la comunidad, viendo lo que se les venía encima, corrió a refugiarse en el castillo real de la ciudad, en la torre de madera que entonces ocupaba el promontorio donde hoy se levanta Clifford's Tower.

El final en la torre

El asedio se prolongó varios días. Cuando quedó claro que no había escapatoria posible —ni de la turba que rodeaba la torre, ni de un ejército real que tardaba en llegar—, Yom Tov propuso a los cerca de ciento cincuenta hombres, mujeres y niños atrapados dentro que se quitaran la vida antes que caer en manos de sus atacantes o verse forzados a renunciar a su fe. Según el relato de Guillermo de Newburgh, cada padre de familia mató primero a su esposa e hijos; después, los hombres se mataron entre ellos hasta que solo quedó Yom Tov, quien prendió fuego a la torre y se quitó la vida el último. Al amanecer del 17 de marzo, los pocos supervivientes que se habían rendido confiando en una promesa de clemencia fueron asesinados de todos modos en cuanto salieron.

Clifford's Tower, en York, construida sobre el promontorio donde se alzaba la fortaleza en la que murió la comunidad judía de la ciudad en marzo de 1190.
Clifford's Tower, en York, construida sobre el promontorio donde se alzaba la fortaleza en la que murió la comunidad judía de la ciudad en marzo de 1190.

Un rey obligado a legislar sobre el dinero de sus víctimas

La corona abrió una investigación y multó a la ciudad de York, pero, según coinciden varias crónicas, ninguno de los instigadores llegó a ser castigado: Richard Malebisse y los demás nobles implicados habían huido antes de que llegaran los oficiales reales. Lo que sí cambió fue la manera en que Inglaterra gestionaba el dinero de sus prestamistas judíos, del que la corona dependía para buena parte de sus ingresos. Muchos de los amotinados en York habían quemado a propósito los registros de sus deudas, guardados en la catedral de York Minster, para borrar así lo que debían.

Para que aquello no volviera a repetirse, Ricardo ordenó en 1194 la creación de un sistema de arcas —conocidas como archae— repartidas por varias ciudades del reino, donde debía guardarse una copia de cada préstamo y transacción hecha por un judío, bajo custodia de funcionarios reales. De esa reforma nació el llamado Exchequer of the Jews, una oficina del tesoro dedicada a supervisar los asuntos financieros de la comunidad judía, que funcionó hasta 1290, el año en que Eduardo I expulsó a todos los judíos de Inglaterra.

Lo ocurrido entre Westminster y York no fue un simple estallido de fanatismo popular, aunque el fanatismo estuviera presente. Fue, sobre todo, la suma de un rumor sin control, un rey ausente en el momento decisivo y ciudades enteras de deudores dispuestos a mirar hacia otro lado —o a participar directamente— si eso les libraba de lo que debían. Esa combinación de intolerancia religiosa e interés económico se repitió, con distintas caras, en buena parte de la Europa medieval. La matanza de York se sigue estudiando hoy como un caso de manual: la violencia colectiva casi siempre encuentra una excusa práctica junto a la ideológica, y en 1190 Inglaterra tuvo las dos a mano.

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