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Siglo XX

Ernesto Che Guevara en Bolivia: la última batalla de la revolución continental

Captura, ejecución y fracaso de la guerrilla de Ñancahuazú en octubre de 1967

Óscar Navarro 17 de October de 2026 7 lecturas 10 min de lectura
Ernesto Che Guevara expuesto en el lavadero del hospital de Vallegrande el 10 de octubre de 1967, fotografiado por Freddy Alborta.
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El 9 de octubre de 1967, una pequeña escuela de adobe en La Higuera se convirtió en el último escenario de Ernesto Che Guevara. El guerrillero argentino había llegado a Bolivia casi un año antes con la idea de abrir allí una base para una insurrección que se extendiera por el continente. La víspera, una patrulla lo había capturado en la quebrada del Yuro, herido en una pierna y sin su carabina. No murió en aquel combate. Los documentos desclasificados que circularon después demostraron que pasó sus últimas horas vivo, prisionero y consciente.

La versión oficial boliviana sostuvo durante días que había fallecido por sus heridas. La documentación diplomática estadounidense contó otra historia: las órdenes de matarlo llegaron desde el mando militar y se cumplieron hacia la una y cuarto de la tarde. El cuerpo fue trasladado a Vallegrande, expuesto ante los periodistas y enterrado en secreto. La fotografía del cadáver, tendido sobre el lavadero del hospital, dio la vuelta al mundo. La campaña había terminado en una derrota; la imagen acababa de empezar una vida propia.

[[IMG: La Higuera schoolhouse Bolivia Che Guevara 1967 Wikimedia Commons | La antigua escuela de La Higuera, en Bolivia, donde Ernesto Che Guevara permaneció detenido y fue ejecutado el 9 de octubre de 1967.]]

Del triunfo cubano al proyecto continental

Ernesto Guevara de la Serna nació en Rosario en 1928 y se tituló de médico en Buenos Aires. Sus viajes por América Latina y el golpe de Estado contra Jacobo Árbenz en Guatemala, en 1954, lo acercaron a una lectura marxista de la política continental. En México conoció a Fidel y Raúl Castro. Se incorporó a la expedición del Granma, desembarcó en Cuba en diciembre de 1956 y acabó convertido en uno de los comandantes de la guerrilla de la Sierra Maestra.

La victoria de 1959 le abrió las puertas del poder. Guevara dirigió el departamento de La Cabaña durante los primeros meses del nuevo régimen, ocupó cargos económicos y defendió una industrialización rápida basada en la movilización política y el trabajo voluntario. Su relación con el rumbo que tomaba Cuba se fue haciendo más áspera. Mientras La Habana estrechaba sus vínculos con Moscú, él insistía en que una revolución que dependiera de la prudencia de las grandes potencias perdería su impulso.

En 1965 desapareció de la escena pública y dejó Cuba para combatir primero en el Congo. Aquella expedición fracasó entre la desorganización, las rivalidades locales y la falta de apoyo. El revés no lo llevó a abandonar la lucha armada. Cuando regresó a la clandestinidad, su siguiente destino fue Bolivia. Allí pensaba repetir, con otros medios y en una escala mayor, la secuencia que había llevado a Castro al poder: un pequeño foco rural, una respuesta represiva del Estado y una población que terminaría sumándose a los rebeldes.

Versión recortada y popularizada del "Guerrillero Heroico" de Che Guevara, en el funeral por las víctimas de la explosión del La Coubre. Copia a la gelatina de plata, 1985.
Versión recortada y popularizada del "Guerrillero Heroico" de Che Guevara, en el funeral por las víctimas de la explosión del La Coubre. Copia a la gelatina de plata, 1985.

Bolivia no era la Sierra Maestra

La elección de Bolivia tenía una lógica sobre el mapa. El país ocupaba una posición central en Sudamérica, poseía una frontera porosa y había conocido una revolución social en 1952, con sufragio universal, nacionalización de la minería y reforma agraria. Pero esa historia no produjo el vacío político que Guevara esperaba. En 1964 un golpe llevó al general René Barrientos al poder; dos años después, Barrientos ganó unas elecciones condicionadas por el predominio militar. El Gobierno tenía adversarios, pero también había tejido alianzas con sectores campesinos y mantenía bajo presión a los sindicatos mineros.

Guevara entró en Bolivia con una identidad falsa en noviembre de 1966 y estableció su campamento en la región del río Ñancahuazú, al sureste del país. La columna reunió a cubanos, bolivianos y combatientes de otros países. Su diario muestra una vida menos épica que la de los carteles: marchas agotadoras, enfermedades, falta de alimentos, errores de navegación y discusiones sobre la disciplina. La geografía tampoco ayudó. El terreno obligaba a moverse por zonas de monte y quebradas donde cada desplazamiento dejaba rastros, pero no ofrecía una red segura de abastecimiento.

El problema más grave no fue el paisaje, sino la distancia con la política boliviana. La guerrilla no logró una alianza estable con la izquierda local ni con el movimiento minero. Muchos campesinos evitaron el contacto y avisaron al Ejército cuando aparecían hombres armados. El grupo se dividió en varias marchas y perdió comunicación con parte de sus apoyos urbanos. Un estudio publicado por un investigador de la Universidad de Warwick resume el resultado como un aislamiento rural y urbano: la teoría del foco, pensada en el escenario cubano, no podía trasladarse intacta a un país con una historia social diferente.

El adversario también aprendió. Washington llevaba años financiando operaciones políticas en Bolivia y, en 1967, organizó con el Ejército un batallón de rangers. Un equipo de Boinas Verdes lo entrenó durante varios meses; agentes y contratistas vinculados a la CIA aportaron información y asesoramiento. Eso no convierte a Guevara en una víctima pasiva de una operación extranjera. Su grupo era una fuerza armada que intentaba iniciar una guerra revolucionaria. Pero sí explica por qué el Estado boliviano pudo corregir sus primeros tropiezos y concentrar unidades mejor preparadas contra una columna cada vez más visible.

[[IMG: Ñancahuazú Guerrilla Bolivia map 1966 1967 Wikimedia Commons | Mapa de la campaña de Ñancahuazú en el sureste de Bolivia, la zona donde operó la guerrilla de Guevara entre 1966 y 1967.]]

Los dos días de La Higuera

El 7 de octubre, Guevara anotó en su diario que el grupo seguía avanzando con dificultades. Al día siguiente, una patrulla de los rangers encontró a los guerrilleros en la quebrada del Yuro. El combate fue breve y confuso. Guevara recibió un disparo en la pierna y otra bala inutilizó su arma. Los soldados lo capturaron vivo junto a otros compañeros. Un informe de campo de la CIA fechado el 9 de octubre todavía hablaba de un prisionero herido que podía morir, no de un hombre caído en batalla.

Los captores lo llevaron a la escuelita de La Higuera. Allí quedó atado, vigilado por soldados y visitado por oficiales bolivianos y por Félix Rodríguez, un operativo cubano-estadounidense contratado por la CIA. Rodríguez transmitió a sus superiores que Guevara estaba en condiciones de hablar. La documentación no muestra que Washington ordenara su muerte. Muestra algo más incómodo y más preciso: Estados Unidos había ayudado a formar la unidad que lo capturó, sus asesores estaban presentes y uno de ellos intentó, sin éxito, que no fuera ejecutado. La decisión final perteneció a la cúpula militar boliviana.

La ejecución se hizo sin juicio. Después, el Ejército anunció que Guevara había muerto por sus heridas alrededor de las ocho de la tarde del día anterior. El parte buscaba presentar la operación como una victoria limpia y evitar el problema político de exhibir a un prisionero fusilado. Los informes internos de la propia Administración Johnson registraron la contradicción: Guevara había llegado con una herida en la pierna, se encontraba en un estado razonable y recibió la orden de muerte desde La Paz. La muerte de un enemigo capturado no encajaba en el relato que el Gobierno necesitaba ofrecer.

Fotografía de Che Guevara muerto sobre una mesa de madera.
Fotografía de Che Guevara muerto sobre una mesa de madera.

Vallegrande añadió una segunda escena a la historia. El cadáver fue llevado en helicóptero al hospital y colocado sobre una pila de cemento para que periodistas y vecinos comprobaran su identidad. Los ojos abiertos y la barba hicieron que muchos observadores compararan la imagen con una representación religiosa. El Gobierno terminó anunciando que había incinerado el cuerpo. En realidad, los militares amputaron las manos para conservar las huellas dactilares y enterraron los restos cerca de la pista de aviación. Durante tres décadas, el lugar permaneció oculto.

Una derrota convertida en símbolo

En términos militares, Bolivia cerró el proyecto continental de Guevara. La guerrilla quedó deshecha y el Ejército de Liberación Nacional boliviano sobrevivió un tiempo sin capacidad para cambiar el equilibrio del país. Los análisis estadounidenses de octubre de 1967 entendieron la muerte como un golpe contra la estrategia cubana de promover insurrecciones armadas. Cuba, en cambio, convirtió el fracaso en un funeral político. Fidel Castro reconoció ante una multitud que la pérdida era un golpe severo, pero presentó a Guevara como un ejemplo destinado a inspirar nuevas luchas.

La posteridad mezcló dos figuras que no son idénticas. Está el dirigente que defendió la violencia revolucionaria, participó en la construcción del nuevo poder cubano y aceptó la disciplina de un Estado de partido único. Está también el combatiente que quiso vivir de acuerdo con una idea de entrega total y murió cuando esa idea se estrelló contra una sociedad que no lo esperaba. La célebre fotografía de Alberto Korda, tomada en 1960, terminó separando el rostro de su contexto. Reproducido en pancartas, murales y camisetas, el retrato podía significar rebeldía para quien ignoraba la campaña boliviana y propaganda para quien la reivindicaba.

En 1997, un equipo forense localizó una fosa común junto a la pista de Vallegrande. El esqueleto atribuido a Guevara carecía de manos y fue identificado mediante huellas, documentos y otros indicios. Sus restos llegaron a Cuba y fueron enterrados en Santa Clara, la ciudad cuya batalla había contribuido a ganar en 1958, junto a los de varios compañeros. El memorial fijó una nueva geografía de la memoria: Bolivia conservó el lugar de la captura y la muerte; Cuba, el de la victoria que había dado al comandante su estatura histórica.

Monumento a Che Guevara en Santa Clara, Cuba, fotografiado en 2004.
Monumento a Che Guevara en Santa Clara, Cuba, fotografiado en 2004.

La escena de La Higuera suele contarse como el final de una leyenda. Vista con distancia, fue también el resultado de un experimento político. Guevara quiso demostrar que una vanguardia armada podía fabricar las condiciones de una revolución; el Estado boliviano, apoyado por la maquinaria antinsurgente de la Guerra Fría, demostró que podía aislarla antes de que encontrara una base social. La paradoja quedó fijada en las imágenes: la guerrilla fracasó como estrategia, mientras la muerte de su jefe convirtió aquella derrota en un lenguaje universal de la protesta.

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