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Edad Media

La entrada de Jaime I en Valencia el 9 de octubre de 1238 y el nacimiento de un reino

La capitulación de Balansiya, el reparto de sus tierras y las leyes que dieron forma al Reino de Valencia

Carmen Puerta 16 de October de 2026 1 lecturas 9 min de lectura
Pintura mural del castillo de Alcañiz que representa la entrada de Jaime I de Aragón en Valencia en 1238
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El 9 de octubre de 1238, Jaime I entró oficialmente en Valencia. La imagen pertenece al repertorio de las grandes conquistas medievales: un rey cristiano atraviesa las puertas de una ciudad musulmana y convierte la victoria militar en ceremonia de poder. La fecha, que hoy sigue dando nombre a la fiesta de la Comunitat Valenciana, resume una operación bastante más compleja.

Valencia se había rendido el 28 de septiembre. Su gobernante, Zayyan ibn Mardanish, salió de la ciudad el 8 de octubre, y al día siguiente el monarca aragonés tomó posesión pública de la capital. La diferencia entre capitulación y entrada no es un detalle menor. En esos once días se decidió quién podía quedarse, quién debía marcharse y bajo qué condiciones; después empezó la tarea, todavía más larga, de convertir una plaza conquistada en la capital de un reino.

[[IMG: Jaime I entering Valencia 1238 mural Castle of Alcañiz | Pintura mural del castillo de Alcañiz que representa la entrada de Jaime I de Aragón en Valencia en 1238]]

Balansiya antes del asedio

La ciudad que encontró el ejército de Jaime I no era un enclave agotado en los márgenes del mundo islámico. Balansiya había crecido con fuerza desde el siglo XI, cuando la fragmentación del califato de Córdoba favoreció la aparición de poderes locales. Bajo Abd al-Aziz se levantó una nueva muralla y Valencia se convirtió en uno de los centros políticos y económicos de la Hispania musulmana. Las fuentes y los estudios urbanos sitúan su población en torno a los 15.000 habitantes en el siglo XII, a los que se sumaban quienes vivían y trabajaban en las alquerías de la huerta.

La prosperidad dependía de una relación estrecha entre ciudad, río y campos de regadío. Las acequias distribuían el agua hacia una llanura intensamente cultivada; dentro del recinto amurallado se concentraban el zoco, las residencias de las autoridades y los talleres. No se trataba solo de un paisaje fértil. Era una forma de organizar el trabajo, la propiedad y el poder, construida durante siglos de dominio islámico.

A comienzos del siglo XIII, el debilitamiento almohade abrió una disputa por el control de la región. Zayyan ibn Mardanish desplazó al último gobernador almohade y gobernó una Valencia que debía atender a sus propias divisiones mientras crecía la presión de la Corona de Aragón. Jaime I no avanzó sobre un Estado compacto: aprovechó una crisis política local, la autonomía de los poderes urbanos y la falta de un socorro exterior capaz de sostener a la ciudad.

[[IMG: Islamic city walls of Valencia 11th century Spain | Fragmento conservado de la muralla islámica de Valencia, construida en el siglo XI y visible hoy en el casco histórico]]

Una campaña que duró años

La conquista no comenzó con el asedio de la capital. En 1232, el noble aragonés Blasco de Alagón tomó Morella y abrió una vía hacia el sur. Al año siguiente cayó Borriana, seguida por varias plazas del norte. La corte reunida en Monzón en 1236 acordó orientar los recursos de la Corona hacia la toma de Valencia, mientras el papa Gregorio IX concedía a la campaña el estatuto de cruzada. La etiqueta religiosa aportaba legitimidad y también atraía combatientes de otros territorios.

El control del Puig, en la huerta situada al norte de la ciudad, permitió mantener una base avanzada cerca de las murallas. Zayyan intentó recuperarlo en 1237 y fue derrotado. La posición quedó en manos de los hombres de Jaime I, aunque conservarla exigía dinero, suministros y una corte capaz de sostener una guerra prolongada. En enero de 1238 el rey juró que no iría más allá de Teruel o Tortosa antes de conquistar Valencia. El juramento, recordado por la crónica real, muestra hasta qué punto la toma de la ciudad se había convertido en una cuestión de prestigio y de autoridad.

El cerco formal empezó el 23 de abril de 1238. Jaime estableció su campamento en Russafa, al sur de la capital, y fue cerrando las comunicaciones con la huerta. Valencia resistió durante unos cinco meses. Zayyan reconoció la autoridad del emir de Túnez y consiguió que una flota de doce galeras se acercara a la costa en agosto, pero los barcos se retiraron sin romper el cerco. Dentro de las murallas faltaban alimentos y aumentaban los daños causados por los ataques.

Las conversaciones comenzaron a mediados de septiembre. La capitulación se acordó en torno al día 22 y quedó formalizada el 28. Los musulmanes que quisieran salir podían llevar sus bienes muebles y dirigirse hacia el sur del Júcar bajo una tregua de siete años; quienes permanecieran en la ciudad quedaban bajo protección del rey. Zayyan abandonó Valencia el 8 de octubre. Cuando Jaime entró al día siguiente, la victoria ya había sido negociada, pero la ceremonia hizo visible el cambio de soberanía.

[[IMG: Llibre dels fets Jaume I medieval manuscript page | Página de un manuscrito del Llibre dels fets, la crónica vinculada a Jaime I y a sus campañas de conquista]]

De la ciudad rendida al territorio conquistado

La entrada de 1238 no cerró la guerra. Las tropas de la Corona continuaron avanzando hacia el sur: Bairén y Cullera cayeron en 1240; Dénia y Xàtiva, en 1244; Biar, la última plaza del reino valenciano, en 1245. Desde Morella hasta Biar habían transcurrido trece años. La conquista fue una cadena de asedios, pactos, entregas de castillos y acuerdos con comunidades locales, no una sola batalla capaz de resolverlo todo.

El reparto de las tierras acompañó a la ocupación. El Llibre del Repartiment conserva los nombres de quienes recibieron casas, huertos, alquerías o lotes de cultivo a cambio de su participación en la empresa. La Corona distribuyó propiedades entre nobles, caballeros, instituciones religiosas y personas de condición más modesta. También entregó tierras antes de que toda la región estuviera sometida, como una forma de atraer pobladores y asegurar la defensa.

La transformación demográfica fue dura. Una parte mayoritaria de la población musulmana de la medina salió de Valencia, mientras algunos grupos permanecieron en localidades de la huerta y en una morería situada extramuros. La cifra de 50.000 expulsados que transmite la crónica de Jaime I probablemente incluía habitantes de la comarca, no solo de la ciudad. Esa cautela importa: los números medievales suelen mezclar realidades distintas, y la historia de la conquista no mejora por presentarla con una precisión que las fuentes no permiten.

Los recién llegados procedían sobre todo de Aragón y de los condados catalanes, aunque el nuevo reino recibió gentes de otros lugares. No ocuparon un vacío. Encontraron acequias, parcelas, caminos, talleres y formas de gestión del agua que siguieron siendo útiles bajo nuevos propietarios. El paisaje agrario islámico fue incorporado a una sociedad feudal, adaptado a otras relaciones de poder y sometido a nuevos repartos.

[[IMG: Llibre del Repartiment de Valencia manuscript | El Llibre del Repartiment de Valencia, registro de las concesiones de tierras realizadas tras la conquista]]

Un reino con leyes propias

Jaime I no convirtió Valencia en una simple extensión administrativa de Aragón. Creó un reino dentro de la Corona de Aragón, con capital, territorio y ordenamiento propios. La primera Costum de Valencia empezó a fijar las reglas de la nueva sociedad tras la conquista; sus sucesivas adiciones y confirmaciones dieron forma a los Furs, que Jaime juró y amplió en las Cortes de 1261.

La decisión tenía consecuencias prácticas. El rey conservaba la autoridad superior, pero debía relacionarse con ciudades, nobles, clérigos y comunidades musulmanas sujetas a pactos diferentes. Los Furs regulaban la propiedad, la justicia, el comercio y las obligaciones de los habitantes. El nuevo reino no era una copia de Aragón ni un territorio sin instituciones: nació con un espacio político propio, aunque su construcción estuviera atravesada por la guerra y por el dominio feudal.

La ciudad también cambió de aspecto. La mezquita mayor fue convertida en sede episcopal, se fundaron parroquias y se repartieron casas y talleres entre los vencedores. La muralla, los baños, los mercados y la trama de calles no desaparecieron de un día para otro. La Valencia cristiana se levantó sobre la ciudad islámica, transformando sus usos y sus símbolos mientras conservaba buena parte de su soporte material.

Institucions dels furs i privilegis del regne de València, de Pere Hieroni Taraçona (València, 1580), fotografiat durant l'exposició La memòria del Regne.
Institucions dels furs i privilegis del regne de València, de Pere Hieroni Taraçona (València, 1580), fotografiat durant l'exposició La memòria del Regne.

La memoria de una conquista

El nuevo orden no eliminó a los musulmanes del territorio valenciano. Quienes permanecieron pasaron a vivir como mudéjares bajo dominio cristiano, con grados variables de autonomía y protección. Durante siglos conservaron prácticas religiosas, formas de vida, oficios y una relación con la tierra que dejó huella en la sociedad valenciana. Con el tiempo la presión aumentó: llegaron las conversiones forzosas, la condición morisca y, en 1609, la expulsión masiva hacia el norte de África.

La fecha del 9 de octubre sobrevivió porque condensaba una fundación política. La ciudad celebró la entrada de Jaime I como el momento en que Valencia pasó a ser capital de un reino cristiano, y la conmemoración se integró en los rituales cívicos de épocas posteriores. El aniversario recuerda una victoria, pero también una mudanza de población, un cambio de leyes y el inicio de una convivencia desigual que duró casi cuatro siglos.

Mirar solo la escena del rey entrando por las puertas deja fuera la mayor parte de la historia. La capitulación había sido el resultado de un asedio y de una negociación; el reino se hizo con repartos, fueros y campañas posteriores; la huerta siguió viviendo bajo nuevos señores; la población musulmana no desapareció de inmediato. El 9 de octubre de 1238 fue, sobre todo, el día en que una ciudad conquistada empezó a convertirse en otra cosa: la capital de un reino nuevo, construido sobre las capas acumuladas de Balansiya.

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