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Los mejillones embarazados que preservaron 125 millones de años un secreto de la naturaleza

Óscar Navarro 07 de July de 2026 79 lecturas 7 min de lectura
fossilized bivalve shells with preserved embryos visible under electron microscope showing intricate details of ancient reproductive care cretaceous period
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Hace 125 millones de años, durante el Período Cretácico inferior, un grupo de bivalvos vivía en los océanos que cubrían la actual Isla de Wight, en la costa inglesa. Entre esos bivalvos estaban las hembras de Margaritifera valdensis, que portaban dentro de sus branquias embriones en desarrollo. En un momento determinado, posiblemente durante una tormenta o una catástrofe ecológica, estos bivalvos murieron y fueron sepultados en sedimentos. Lo extraordinario es que los embriones fosilizados dentro de sus madres se han conservado con fidelidad extraordinaria durante 125 millones de años. Cuando los paleontólogos españoles del IGME-CSIC excavaron estas conchas hace poco, descubrieron algo que nunca antes se había documentado: el primer registro fósil de cuidado parental en bivalvos, un comportamiento que los científicos creían imposible de preservar en el registro geológico.

¿Qué son los bivalvos y por qué su comportamiento reproductivo es especial?

Los bivalvos son moluscos marinos y dulceacuícolas caracterizados por poseer dos conchas que se abren y cierran. Los mejillones, almejas, ostras y vieiras son todos bivalvos. Hoy en día, la mayoría de los bivalvos son desovadores externos: expulsan esperma y óvulos al agua, donde la fecundación ocurre de manera azarosa. Sin embargo, algunos bivalvos modernos, como los mejillones de agua dulce, practican una forma de reproducción conocida como marsupialidad. Las hembras retienen los óvulos fecundados en sus branquias (un órgano donde normalmente se filtra el alimento), proporcionando oxígeno y nutrientes mientras los embriones se desarrollan. Cuando alcanzan una etapa específica de desarrollo, la hembra expulsa larvas planctónicas que se dispersan por el agua.

Lo notable de este comportamiento es que es relativamente raro en los bivalvos. La mayoría de los grupos de bivalvos evolucionaron estrategias de desove en masa, liberando enormes cantidades de óvulos y esperma, confiando en los números: la mayoría muere, pero algunos serán fecundados y sobrevivirán. En cambio, los bivalvos marsupiales invierten más en menos descendientes, proporcionando protección y recursos directamente.

El descubrimiento: embriones preservados después de 125 millones de años

El equipo de investigadores liderado por Graciela Delvene del IGME-CSIC (Instituto Geológico y Minero de España, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas) estudiaba fósiles de bivalvos del Cretácico de la Isla de Wight cuando hicieron un hallazgo extraordinario. En las branquias de varios especímenes de Margaritifera valdensis encontraron estructuras que, analizadas bajo microscopía electrónica y tomografía computarizada, revelaron ser embriones y larvas fosilizadas. Esto es sumamente raro porque los tejidos blandos normalmente no se fosilizan a menos que haya condiciones excepcionales de preservación (como ambientes anaeróbicos o formaciones de ámbar).

Lo más asombroso es que los embriones y larvas estaban completamente preservados dentro de las branquias donde la madre los había llevado. No se trataba simplemente de fósiles de bivalvos junto a fósiles de embriones; era una prueba directa de que esta madre había estado cuidando a sus crías en el momento de su muerte y fosilización.

La importancia del descubrimiento para la paleontología

Este hallazgo es revolucionario por varias razones. En primer lugar, proporciona la primera evidencia directa de cuidado parental en bivalvos fósiles. Aunque paleontólogos sospechaban que los bivalvos antiguos podrían haber exhibido este comportamiento (basándose en comparaciones con grupos vivientes), nunca antes se había documentado de esta manera. Es la diferencia entre la especulación teórica y la prueba física.

El registro fósil nunca mentirá si sabemos interpretarlo

En segundo lugar, este descubrimiento demuestra la importancia de analizar fósiles no solo desde la perspectiva de la forma externa, sino también de las estructuras internas. Las nuevas técnicas de tomografía computarizada permiten a los paleontólogos ver dentro de fósiles sin destruirlos. Bajo una lupa simple, un fósil de Margaritifera valdensis se vería como una concha de bivalvo antigua. Pero con tomografía computarizada de alta resolución, los investigadores pudieron visualizar los embriones microscópicos dentro.

Implicaciones para entender la evolución del cuidado parental

El hallazgo también tiene implicaciones profundas para entender cómo y cuándo evolucionó el cuidado parental en diferentes grupos de animales. El cuidado parental es un comportamiento costoso: la hembra debe invertir energía, tiempo y recursos en proteger y nutrir a sus crías en lugar de simplemente producir millones de óvulos y esperar lo mejor. La teoría evolutiva predice que este comportamiento evoluciona cuando los recursos son limitados o cuando los embriones enfrentan altas tasas de depredación, porque la inversión extra en menos crías resulta en mayor supervivencia general.

3d tomography scan reconstruction showing embryos preserved inside branchia tissue of ancient margaritifera bivalve shell fossil

Al documentar que los bivalvos del Cretácico ya practicaban marsupialidad hace 125 millones de años, los científicos están trazando un mapa de cuándo y dónde estos comportamientos complejos surgieron. La persistencia del cuidado parental en bivalvos desde el Cretácico hasta hoy sugiere que, una vez evolucionado, este comportamiento es muy exitoso y persiste a través de los milenios.

Las hembras que nunca conocieron a sus hijos

Hay un aspecto trágico y simultáneamente fascinante en este descubrimiento. Cada fósil que estudiaron los investigadores es la historia de una madre que murió mientras cuidaba a sus crías. Los embriones jamás eclosionaron. Los pequeños bivalvos nunca nadaron en el océano. Pero su existencia fue capturada en la piedra, preservada en el registro geológico como un testimonio de un acto de cuidado interrumpido hace 125 millones de años. Es como un ámbar emocional, un congelamiento del tiempo que permite a los científicos modernos atisbar el mundo antiguo.

Metodología y rigor científico

El equipo de Delvene publicó sus hallazgos en la revista Scientific Reports en junio de 2026, lo que significa que el trabajo ha pasado la revisión de pares de otros científicos independientes. Esta es la máxima validación en la investigación científica: otros expertos han examinado el trabajo, verificado los métodos, y confirmado que los hallazgos son válidos.

Los investigadores utilizaron múltiples técnicas complementarias: microscopía óptica para examinar el material preparado en secciones delgadas, microscopía electrónica de barrido para una resolución aún mayor, y tomografía computarizada para obtener reconstrucciones tridimensionales completas de los fósiles. Esta combinación de métodos permitió una caracterización exhaustiva de los embriones fosilizados.

El futuro de la paleontología: tecnología al servicio del pasado

Este descubrimiento es también un testimonio del poder de la tecnología moderna en la paleontología. Hace veinte años, habría sido prácticamente imposible resolver esta pregunta. La tomografía computarizada de alta resolución, el análisis de imagen, la microscopía electrónica, todo esto permite a los paleontólogos modernos hacer preguntas más profundas sobre los fósiles y obtener respuestas más precisas.

El trabajo de Graciela Delvene y su equipo es un recordatorio de que el pasado distante no está completamente cerrado a nosotros. Con cuidado, paciencia y la herramienta tecnológica correcta, podemos leer la historia escrita en piedra. Cada fósil es un libro, y en este caso particular, es un libro sobre amor materno, sobre el sacrificio y el cuidado que no conoce límites ni épocas, un comportamiento que ha perdurado desde tiempos inmemoriales hasta hoy.

Fuente: Gizmodo ES

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