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El cangrejo fósil de 35 millones de años que guardaba Mallorca bajo la tierra

Óscar Navarro 09 de July de 2026 55 lecturas 6 min de lectura
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Hace treinta y cinco millones de años, donde hoy están las Islas Baleares se extendía un océano tropical. Las aguas eran más cálidas, más ricas en vida exótica, pobladas por criaturas que hace mucho desaparecieron de las costas mediterráneas. En ese mundo sumergido vivía un cangrejo de tamaño medio llamado *Palaeocarpilius macrochelus*, un depredador marino que cazaba entre las algas y las rocas. Nadie en el mundo científico esperaba encontrar sus restos en las Baleares. Hasta ahora, este género de cangrejo solo se había documentado en otras regiones del planeta. Su descubrimiento en Mallorca abre una ventana inesperada a un pasado marino que la mayoría de los españoles desconoce.

Tres fósiles en el Calvario de Randa

El yacimiento del Calvario de Randa, en Mallorca, ha proporcionado tres especímenes completos o casi completos de *Palaeocarpilius macrochelus*. Uno de ellos, un ejemplar macho de aproximadamente 6 por 9 centímetros, está tan bien preservado que los paleontólogos pueden estudiar los detalles de su caparazón, sus tenazas y su anatomía con una precisión que habría parecido imposible hace décadas. Los fósiles han sido datados y clasificados cuidadosamente, y ahora descansan en el Museo Balear de Ciencias Naturales, donde seguirán siendo estudiados.

Primera vez en la región ibérica

El hallazgo es histórico por una razón simple pero poderosa: es la primera vez que el género *Palaeocarpilius* se documenta en la Península Ibérica. No es solo un descubrimiento local; es un primer registro que cambia los mapas de distribución de esta especie en el registro fósil mundial. Los paleontólogos ahora saben que estos cangrejos no solo vivieron en los lugares donde se habían encontrado previamente, sino que también colonizaron las aguas más occidentales del Tethys, el océano precursor del Mediterráneo moderno.

Pero hay más. Los especímenes de Mallorca son los primeros decápodos del Paleógeno (la época que comprende desde hace 66 hasta hace 23 millones de años) documentados en las Islas Baleares. Decápodo es el nombre técnico de los crustáceos de diez patas, familia que incluye cangrejos, langostas y camarones. Que sea el primero en la región sugiere que los paleontólogos anteriores simplemente no habían buscado en los yacimientos correctos, o que estos fósiles son especialmente raros de encontrar.

Aguas tropicales donde hoy hay costa mediterránea

El hallazgo de *Palaeocarpilius macrochelus* cuenta una historia de transformación climática. Este cangrejo fue un depredador marino que prosperó en aguas cálidas y someras del Océano Tethys hace 35 millones de años, durante el período Priaboniano inferior. El Tethys era un mundo acuático completamente diferente del Mediterráneo moderno: más grande, más extenso, con temperaturas tropicales y una rica biodiversidad marina que incluía especies que hoy solo se encuentran en océanos lejanos.

La presencia de estos cangrejos en Mallorca indica que hace 35 millones de años, el clima de la región era radicalmente distinto. No había glaciación en los polos como la que existe hoy. Las temperaturas globales eran más altas, el nivel del mar más elevado. Las Islas Baleares no eran el archipiélago calcáreo que vemos hoy, sino un complejo sistema submarino más profundo donde prosperaban ecosistemas tropicales.

reconstructed tropical tethys ocean scene 35 million years ago Balearic Islands warm shallow seas with marine life ancient

Paleobiogeografía: redibujando mapas antiguos

La paleobiogeografía es la rama de la paleontología que estudia la distribución de especies fósiles en el espacio y el tiempo. Permite a los científicos reconstruir cómo era la vida en diferentes regiones del planeta hace millones de años, y cómo se desplazaban los continentes y cambiaban los climas. El hallazgo de *Palaeocarpilius* en Mallorca obliga a los paleobiogeógrafos a revisar sus mapas. Si este género de cangrejo vivía en las aguas del Tethys occidental hace 35 millones de años, entonces la red de corrientes, temperaturas y disponibilidad de alimento debía mantener poblaciones viables de estos depredadores.

Esto a su vez sugiere conexiones biogeográficas entre diferentes regiones que hasta ahora no se había considerado tan importantes. Las especies no viven aisladas: están conectadas por redes de dispersión, migraciones y colonización. El cangrejo de Mallorca es un eslabón en esa red, un testimonio de cómo la biodiversidad marina del Tethys estaba interconectada desde las Baleares hasta regiones más lejanas.

Implicaciones para la reconstrucción climática

Conocer qué especies vivieron en qué regiones es fundamental para entender cambios climáticos pasados. Los cangrejos como *Palaeocarpilius* tienen preferencias de temperatura específicas. Vivían en aguas tropicales y someras. Encontrar sus restos en Mallorca proporciona datos concretos que los científicos usan para recalibrar sus modelos de clima del Paleógeno. Cada fósil es un dato, cada dato es una pista más sobre cómo era el planeta hace 35 millones de años.

Los tres especímenes del Calvario de Randa ahora están siendo estudiados mediante técnicas modernas de análisis: escaneado de tomografía computarizada para revelar estructuras internas, análisis químico de los minerales que reemplazaron el caparazón original, comparación detallada con otros especímenes de *Palaeocarpilius* hallados en otros continentes. Cada análisis añade más piezas al rompecabezas de cómo era el planeta hace 35 millones de años.

El Museo Balear de Ciencias Naturales ahora custodia estos fósiles como tesoros científicos, como ventanas abiertas al Tethys tropical que cubrió las Baleares. Cuando los visitantes miran el caparazón fosilizado de *Palaeocarpilius macrochelus*, no están viendo solo un cangrejo muerto hace 35 millones de años: están viendo una prueba viviente de que el planeta es un lugar en constante cambio, donde mares desaparecen, climas se transforman, y la vida se adapta o desaparece. El hallazgo en Mallorca recuerda que los secretos del pasado descansa bajo nuestros pies, esperando a que alguien excave lo suficientemente profundo para encontrarlos.

Fuente: Cronista

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