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Hallan el rostro humano más antiguo de Europa

Óscar Navarro 22 de July de 2026 37 lecturas 6 min de lectura
ancient hominid facial fossil fragment excavation site dramatic archaeological lighting Atapuerca Spain
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Verano de 2022: en el fondo de la Sima del Elefante, en Atapuerca, un equipo de arqueólogos toca por primera vez en 1,4 millones de años lo que resultará ser el rostro humano más antiguo de Europa occidental. En ese momento nadie sabe todavía el alcance del hallazgo, hecho público hace apenas unos días, que obliga ahora a repasar de nuevo el mapa de los primeros pobladores del continente.

Dos metros y medio más abajo de lo que ya era historia

Hasta ahora, el fósil más célebre de la Sima del Elefante era una mandíbula bautizada como ATE9-1, encontrada en 2007 y fechada en 1,2 millones de años. Durante más de una década se la consideró el resto humano más antiguo de Europa occidental. El nuevo fragmento, sin embargo, apareció 2,5 metros por debajo, en el nivel TE7, lo que sitúa su antigüedad en torno a 1,4 millones de años: doscientos mil años más atrás en el tiempo que su vecina de piso.

Al fósil lo llaman «Pink». El apodo tiene una doble lectura, medio en broma medio en homenaje: por un lado recuerda al disco de Pink Floyd dedicado a la cara oculta de la Luna, y por otro rinde tributo a Rosa Huguet, investigadora del IPHES-CERCA que coordina el estudio y cuyo nombre, en inglés, significa precisamente «rosa».

Cómo se calcula la edad de un hueso sin fecha en la etiqueta

Un fragmento óseo no lleva escrita su antigüedad, así que los investigadores recurren a la posición exacta en la que aparece dentro de la secuencia de capas del yacimiento. Cuanto más abajo, más antiguo: es el mismo principio que rige cualquier tarta de capas, solo que aquí cada capa tardó miles de años en formarse. Para reconstruir la pieza sin dañarla, los equipos del IPHES-CERCA y el CENIEH emplearon microtomografía de rayos X, una técnica que permite ver el interior del hueso y manipularlo en un ordenador como si fuera un objeto virtual. El análisis completo llevó dos años.

Ni antecessor ni erectus: una especie que no termina de encajar

El otro gran fósil facial de Atapuerca, el que dio nombre a la especie Homo antecessor, apareció en el yacimiento vecino de Gran Dolina y tiene unos 850.000 años. Su cara es, según los propios investigadores, grácil y de rasgos ya bastante modernos. La de Pink es justo lo contrario: más robusta, más proyectada hacia delante, con una nariz aplanada y poco desarrollada. Se parece más a lo que se conoce de Homo erectus, aunque tampoco encaja del todo con esa especie, así que el equipo ha optado por clasificarlo como Homo aff. erectus, es decir, afín a erectus pero sin identificarlo del todo con él.

«Homo antecessor comparte con Homo sapiens una cara de aspecto más moderno y una nariz prominente, mientras que los rasgos faciales de Pink son más primitivos, parecidos a los de Homo erectus, sobre todo en su estructura nasal aplanada y poco desarrollada», explica María Martinón-Torres, directora del CENIEH.

prehistoric stone tools and animal bones with cut marks close up archaeological dig

Las señales de un festín de hace 1,4 millones de años

Pink no llegó solo. Junto al fragmento facial, los arqueólogos han recuperado herramientas de piedra y huesos de animales con marcas de corte, prueba de que aquellos primeros habitantes de la sierra ya sabían despiezar la carne con instrumentos rudimentarios. La tecnología empleada, conocida como Modo 1 u olduvayense, es de las más sencillas que existen: lascas obtenidas golpeando cantos de cuarzo, sílex o cuarcita. A lo largo de los años se han recuperado en este nivel cerca de un centenar de piezas de este tipo. El hallazgo llega, además, en un buen año para la paleontología española: hace apenas unos días, un equipo científico anunciaba en Cataluña el esqueleto casi completo de un rinoceronte estepario de 200.000 años de antigüedad, otra prueba de lo mucho que todavía guardan las cuevas de la península.

Por qué Atapuerca sigue dando titulares casi cada año

La respuesta está en la escala del proyecto: la campaña de excavación de 2026, la número 49, ha reunido a 120 investigadores trabajando a la vez en varios yacimientos de la sierra, desde la Sima del Elefante hasta la Galería de las Estatuas, donde los responsables del proyecto esperan encontrar lo que ya llaman «el gran yacimiento neandertal» de la zona. Con tantos frentes abiertos y casi cinco décadas de excavación continuada, resulta lógico que Burgos aporte, año tras año, alguna pieza nueva al rompecabezas de la evolución humana en Europa. No muy lejos de allí, en el valle del Lozoya, otro yacimiento ha revelado recientemente que un grupo reducido de neandertales sobrevivió durante generaciones en un mismo territorio, prueba de que la región central de la península fue, durante cientos de miles de años, un cruce constante de poblaciones humanas.

Pioneros que tal vez no dejaron descendencia

Lo más intrigante de Pink no es solo su edad, sino lo que insinúa sobre cómo se pobló Europa. Si pertenece a un linaje distinto del que, más de medio millón de años después, dio lugar al Homo antecessor de Gran Dolina, entonces la conquista del continente no fue un proceso continuo y ordenado. Pudo haber varias oleadas de humanos llegando desde África o Asia, algunas de las cuales se asentaron durante un tiempo en la sierra de Burgos y acabaron por desaparecer sin dejar rastro genético en las poblaciones posteriores.

Lo que hace especialmente relevante este hallazgo es que rompe con la imagen, cómoda pero probablemente falsa, de una única oleada humana entrando en Europa y estableciéndose sin más sobresaltos. Puesto en perspectiva, si Pink representa de verdad una población pionera que se extinguió, la historia de nuestros orígenes en el continente se parece menos a una línea recta y más a un mapa lleno de intentos fallidos, callejones sin salida y, de vez en cuando, algún grupo que sí logró echar raíces. Es un relato bastante más parecido a cómo funciona la evolución en cualquier otro rincón del planeta.

La campaña de este verano en Atapuerca continúa hasta el 24 de julio, y los equipos que trabajan en la Sima de los Huesos no descartan que aparezcan más restos humanos antes de que termine. Si eso ocurre, puede que dentro de poco haya que volver a rehacer, una vez más, el árbol genealógico que empezamos a dibujar hace ya cuarenta años en estas mismas laderas de Burgos.

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Fuente: Qué!

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