Las avenidas de Valencia guardan secretos enterrados. Durante trabajos de urbanismo y excavación arqueológica, los investigadores han sacado a la luz dos descubrimientos que iluminan la importancia estratégica que tuvo Valentia, la antigua ciudad romana, como punto neurálgico del comercio mediterráneo. Bajo el asfalto y las aceras de la ciudad moderna descansa una necrópolis de hace 2.000 años y, más sorprendente aún, vestigios de un posible embarcadero ibero que podría ser el primero de su clase documentado en la región.
Una necrópolis junto a la Vía Augusta
En la Avenida de la Constitución, los obreros y arqueólogos encontraron restos de una necrópolis romana que data del siglo II de nuestra era. Aunque no es inusual hallar tumbas en ciudades antiguas, el contexto de este descubrimiento es revelador. La necrópolis se alineaba precisamente con el trazado de la Vía Augusta, la carretera principal que atravesaba Hispania de norte a sur. Los romanos, con su pragmatismo característico, situaban las áreas funerarias junto a las vías de comunicación, no dentro de las ciudades. Era una decisión tanto práctica como simbólica: los viajeros verían constantemente los monumentos funerarios, recordando a los muertos y sus familias.
Ajuares funerarios que hablan de la riqueza
Alrededor de cinco conjuntos de restos mortuorios han sido identificados, cada uno acompañado de su correspondiente ajuar funerario. Los objetos depositados en las tumbas cuentan historias de personas con recursos: cerámica fina, vidrio, pequeños objetos de valor. Estos no eran enterramientos de esclavos o pobres, sino de personas con estatus suficiente para ser recordadas con objetos preciosos. Los arqueólogos están catalogando cada pieza, datando y estudiando su procedencia, para entender mejor quiénes eran estos difuntos y cómo la riqueza circulaba por la ciudad romana.
La presencia de estos ajuares no es accidental. Los romanos creían que los muertos necesitaban provisiones en la otra vida, y las familias con recursos cumplían con este deber enterrando objetos valiosos. La variedad y calidad del ajuar reflejan el rango social del fallecido. Una vasija común de cerámica indica una persona de clase media; un fragmento de vidrio importado sugiere mayor prosperidad; un pequeño objeto de metal habla de riqueza considerable.
El misterio del embarcadero ibero
Pero el hallazgo más intrigante está en la Calle Maximiliano Thous: evidencias de lo que podría ser un embarcadero ibero, anterior a la ocupación romana. Si se confirma su función tras análisis posteriores, sería el primer embarcadero de la época ibérica documentado en Valencia. El descubrimiento sugiere una historia comercial más antigua y compleja de lo conocido, con raíces en la navegación y el comercio marítimo ibérico previo a la llegada de Roma.

La importancia de un embarcadero radica en su significado estratégico. Los puertos no son solo lugares donde se cargan y descargan mercancías: son centros de poder, puntos donde se concentra riqueza, donde nacen alianzas comerciales, donde circulan ideas e influencias. Un embarcadero ibero en Valencia indicaría que la ciudad era un nodo importante en las redes comerciales mediterráneas al menos desde el siglo VI o V a.C., siglos antes de que los romanos la conquistaran y la renombraran como Valentia en el 138 a.C.
Valentia: entre dos imperios comerciales
La superposición de ambos descubrimientos pinta un cuadro fascinante. La Valencia ibera era ya un punto estratégico de contacto entre el interior peninsular y el mar Mediterráneo. Los iberos construyeron un embarcadero para facilitar el comercio: vino, aceite, metal, cerámica decorada viajaban en ambas direcciones. Luego llegaron los romanos, que conquistaron la región pero no la destruyeron. En su lugar, integraron Valentia en su imperio, reforzando su importancia estratégica. Siglos después, durante el Imperio Romano ya establecido, los ciudadanos ricos de Valentia todavía eran enterrados con honores cerca de la gran Vía Augusta, demostrando la continuidad de la prosperidad urbana.
La arqueología urbana del presente
Estos hallazgos son posibles hoy gracias a que Valencia está construyendo y reformando constantemente sus infraestructuras. Cada obra de urbanismo es una oportunidad arqueológica: los arqueólogos colaboran con los constructores para documentar y excavar antes de que el progreso moderno borre las huellas del pasado. Es una carrera contra el tiempo, pero también un ejemplo de cómo la ciudad moderna puede honrar sus raíces.
La necrópolis romana de Valencia y el posible embarcadero ibero son recordatorios de que debajo de toda ciudad grande hay capas de historia. Valencia no fue siempre la metrópolis mediterránea que es hoy: fue primero una zona de asentamiento ibérico, luego una ciudad romana estratégica, luego una ciudad medieval. Y en cada una de esas épocas, la geografía —la posición junto al mar, el acceso a rutas terrestres— dictó su importancia. Los muertos enterrados en la necrópolis romana que hoy se excava fueron testigos de esa importancia, vivieron en una ciudad próspera y compleja, y quisieron ser recordados después de la muerte con los honores y objetos que sus familias podían permitirse.