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Tres hábitos que suman 13 años sin demencia

Administrador 16 de August de 2026 48 lecturas 5 min de lectura
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Doce años y medio. Esa es, según un estudio publicado a principios de agosto, la diferencia en años de vida libres de demencia entre alguien que llega a la mediana edad con la tensión arterial, la diabetes y el tabaco bajo control y alguien que arrastra los tres problemas a la vez. No se trata de una estimación vaga: procede de casi tres décadas siguiendo a más de doce mil personas.

El trabajo, dirigido desde la Universidad de Nueva York y publicado en la revista Neurology, se apoya en uno de los estudios poblacionales más largos que existen sobre salud cardiovascular en Estados Unidos, el conocido como ARIC (Riesgo de Aterosclerosis en las Comunidades). Y aunque los datos proceden de participantes estadounidenses, sus conclusiones sobre qué factores adelantan o retrasan el deterioro cognitivo tienen un peso que trasciende fronteras.

Casi tres décadas de seguimiento para llegar a una cifra concreta

Los investigadores partieron de 12.409 personas de mediana edad, con 56 años de media, sin ningún diagnóstico previo de demencia. Durante 26 años, el equipo fue registrando quién desarrollaba hipertensión —definida como una tensión igual o superior a 140/90 o el uso de medicación para controlarla—, quién tenía diabetes y quién fumaba. Al final del periodo de seguimiento, 3.008 participantes habían desarrollado demencia y 5.238 habían fallecido sin llegar a padecerla.

De 30 años sin demencia a solo 17

La comparación entre los dos extremos es la que da forma al titular del estudio. Quienes llegaron a la mediana edad sin ninguno de los tres factores de riesgo vivieron, de media, 30 años más sin desarrollar demencia. Quienes acumulaban los tres —tensión alta, diabetes y tabaquismo— se quedaron en 17 años. La diferencia, de casi trece años, se mantiene incluso después de ajustar los datos por otros elementos que también influyen en el envejecimiento cerebral, como el nivel educativo o la actividad física.

Una desigualdad que la tensión y el azúcar no explican por completo

Uno de los hallazgos que más ha llamado la atención de los propios autores no tiene que ver directamente con los tres factores de riesgo, sino con quién los sufre. Al comparar a personas con el mismo perfil de riesgo vascular, los participantes blancos acumularon una media de 19,6 años libres de demencia frente a los 16 años de los participantes negros, una brecha de 3,6 años que no desaparece por mucho que se igualen la tensión, la diabetes o el tabaco entre ambos grupos. También aparecieron diferencias más modestas por sexo: las mujeres con los tres factores de riesgo sumaron 18,1 años sin demencia, frente a los 16,6 de los hombres.

Qué sugiere esa brecha que los números no explican solos

Los propios investigadores reconocen que el estudio, al medir los factores de riesgo una sola vez al inicio del seguimiento, no puede capturar los cambios que cada persona fue haciendo en su vida —dejar de fumar a los cuarenta, empezar a controlar la tensión a los cincuenta— ni tampoco puede demostrar una relación de causa y efecto en sentido estricto, al tratarse de un estudio observacional. Esa brecha racial que persiste incluso a igualdad de factores de riesgo apunta, según reconocen los propios autores, a que el acceso a la sanidad, la calidad de la atención recibida durante décadas y otros determinantes sociales pesan tanto como la biología a la hora de explicar quién desarrolla demencia y cuándo.

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¿Basta con cuidar la tensión para prevenir la demencia?

No exactamente, aunque ayuda mucho. El estudio no dice que controlar solo la tensión arterial garantice librarse de la demencia, sino que los tres factores —tensión, diabetes y tabaco— actúan de forma acumulativa: cuantos menos se tengan, más años de vida cognitivamente sana se ganan de media. Dicho de otro modo, cada uno de los tres suma o resta por separado, y quien solo controla uno de ellos ya obtiene parte del beneficio, aunque no todo.

«Encontrar maneras de prevenir o retrasar la demencia es crucial a medida que la población envejece», señaló Josef Coresh, investigador principal del estudio y director fundador del Optimal Aging Institute de la Universidad de Nueva York, al presentar los resultados. Su equipo insiste en que la ventana de oportunidad se abre precisamente en la mediana edad, décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Por qué esta cifra cambia la forma de hablar de la demencia

Hasta ahora, buena parte de los mensajes de salud pública sobre demencia se centraban en el riesgo de padecerla o no, como si fuera una moneda que cae de un lado o del otro. Este estudio cambia el enfoque hacia algo más útil en la práctica: cuántos años de vida sana se ganan o se pierden según las decisiones tomadas décadas antes. Ese cambio de perspectiva conecta con investigaciones recientes sobre el propio funcionamiento del sistema nervioso, como el estudio que reveló cómo distintos segmentos de la médula espinal están más conectados entre sí de lo que se pensaba, y que recuerda hasta qué punto el sistema nervioso funciona como una red interdependiente donde el daño vascular en un punto puede repercutir en zonas aparentemente alejadas.

Lo que hace especialmente relevante este trabajo, puesto en perspectiva, es que convierte un mensaje preventivo genérico —cuida tu corazón, cuida tu cerebro— en una cifra concreta y memorable: trece años. Ese tipo de dato es mucho más difícil de ignorar que una recomendación abstracta, y explica por qué este estudio se ha citado ya en boletines médicos de varios países. Según estimaciones recogidas por organismos científicos, hasta un 42% de los adultos de mediana edad podría llegar a desarrollar algún tipo de demencia a lo largo de su vida, lo que da una idea de la magnitud del problema que estos hallazgos intentan abordar.

El equipo de Coresh ya trabaja en una segunda fase del análisis, esta vez centrada en si los cambios de hábitos a partir de los cincuenta años —dejar de fumar, empezar a tratarse la tensión— consiguen recuperar parte de esos años perdidos. Los resultados, de confirmarse, llegarían en los próximos cursos de publicación de la revista Neurology.

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Fuente: Infosalus

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