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Santa Marta de Ribarteme: la procesión de los resucitados

Óscar Navarro 17 de July de 2026 55 lecturas 5 min de lectura
open coffin procession through narrow village streets in Galicia with devotees in ceremonial robes carrying coffins during Santa Marta festival dramatic sacred ritual
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En un pequeño pueblo de Galicia llamado As Neves, cada 29 de julio ocurre algo que desafía toda lógica occidental moderna. Devotos que han sobrevivido a enfermedades terminales, accidentes casi fatales, o circunstancias que debieron haberles quitado la vida, son llevados en ataúdes abiertos a través del pueblo en procesión. No son muertos; están vivos. Los ataúdes están vacíos por dentro, excepto por la persona que camina (o es portada) dentro de ellos, ofreciendo gracias a Santa Marta de Ribarteme por haber escapado de las garras de la muerte. Es un ritual tan extraordinario que ha cautivado a antropólogos, cineastas y curiosos de todo el mundo, y sin embargo es completamente desconocido fuera de Galicia.

Santa Marta, la santa de la resurrección

Para entender la procesión, hay que comprender quién es Santa Marta. En la tradición cristiana, Santa Marta era la hermana de Lázaro y de María Magdalena. Lázaro es recordado como el hombre que fue resucitado por Jesús después de estar cuatro días muerto. María Magdalena es la discípula amada. Pero Santa Marta tiene su propio rol en la narrativa evangélica: es la hermana práctica, la que se preocupa de los detalles terrenales, la que expresa dudas pero también fe absoluta. Cuando Jesús dice que «el que cree en mí, aunque muera, vivirá», Marta responde: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». Es una profesión de fe en la resurrección, y eso la convierte en patrona de aquellos que han estado cerca de la muerte y han sido salvados.

El ritual: ataúdes abiertos y procesión sagrada

La celebración comienza con una misa solemne al mediodía en la Parroquia de San Xosé de Ribarteme. Luego, conforme termina la misa, comienza el acto más extraordinario: devotos que han experimentado situaciones cercanas a la muerte —un infarto, un accidente de tráfico, una enfermedad oncológica del que se recuperaron— son colocados en ataúdes abiertos. No están tumbados como cadáveres; están de pie o semiincorporados, conscientes, vivos, mientras sus familiares y amigos portan el ataúd en procesión. El cortejo rodea la iglesia, avanza hacia el cementerio y regresa, mientras se canta el Gozos de Santa Marta, un himno tradicional que ha perdurado durante más de tres siglos.

Lo perturbador y fascinante a la vez es ver a una persona viva dentro de un ataúd. Psicológicamente, es un acto de confrontación con la muerte: no niegan su cercanía con ella, sino que la aceptan, la atraviesan, y emergen del otro lado dando gracias. Es terapia colectiva, ritual de sanación, y acto de fe condensados en una sola experiencia.

Una tradición milenaria que viene de lejos

El festival lleva celebrándose desde al menos 1700, lo que lo sitúa entre los rituales de culto popular más antiguos de Galicia que aún se practican. Su longevidad es asombrosa, considerando cómo han cambiado las sociedades europeas en tres siglos. Mientras el Renacimiento, la Ilustración y la Revolución Industrial transformaban el continente, As Neves seguía portan ataúdes abiertos cada verano, preservando una tradición que la modernidad no ha podido borrar.

traditional church interior with gothic architecture during solemn mass pilgrims praying religious candlelight atmospheric spiritual ceremony

La razón de esa persistencia probablemente radica en su profunda conexión con la experiencia humana de la mortalidad. Galicia, con sus costas bravías, sus minas peligrosas y su historia de privaciones, ha conocido siempre la cercanía de la muerte. El culto a Santa Marta ofrece una forma de metabolizar esa realidad: no como tragedia abstracta, sino como experiencia concreta, compartida, ritualizada.

¿Por qué es tan poco conocida?

A pesar de ser un fenómeno único en el mundo occidental, la Romería de Santa Marta de Ribarteme ha permanecido en la penumbra mediática internacional durante siglos. Solo en los últimos años, con la proliferación de documentales, redes sociales y turismo de experiencias extremas, ha comenzado a atraer atención más amplia. Muchos viajeros que acuden a Galicia desconocen completamente su existencia. Es como si el pueblo hubiera guardado celosamente su secreto, permitiendo que solo aquellos genuinamente interesados en sus tradiciones descubrieran el ritual.

La procesión como acto de democratización de la muerte

En las sociedades occidentales modernas, la muerte ha sido patologizada, medicalizada, ocultada. Preferimos no hablar de ella, no pensamos en ella, la relegamos a hospitales y funerarias. Santa Marta de Ribarteme hace lo opuesto: la pone en el centro de la plaza, la corporealiza, la ritualiza. Cada ataúd abierto es un grito silencioso: «He estado allí. He estado cerca. Y aquí estoy, vivo, de pie, dando gracias». Es un acto de valentía que nuestra cultura psicológica ha casi olvidado practicar. Por eso, quizá, es tan importante que continúe.

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Fuente: Tripologiste

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