En julio de 1754, en el convento de las Carmelitas Descalzas de Corella, Navarra, ocurrió uno de los episodios más extraños y perturbadores de la Inquisición española. Una de las monjas, en un arrebato que nadie sabía bien si era histeria, posesión demoníaca, o simplemente deliro, confesó ante sus superiores que participaba en aquelarres satánicos, que volaba por la noche, y que mantenía relaciones carnales con el diablo. Lo que comenzó como la confesión de una sola religiosa se transformó rápidamente en un juicio masivo contra catorce monjas, acusadas todas ellas de brujería.
El caso que desafía la lógica inquisitorial
Lo que hace particularmente extraño este caso es que ocurrió en 1754, una época en que la creencia europea en la brujería ya estaba en declive. La Ilustración avanzaba, la ciencia se expandía, y los intelectuales del continente se burlaban de las supersticiones medievales. Sin embargo, en España, en un convento católico, la Inquisición aún perseguía brujas con la severidad de siglos anteriores. Este anacronismo temporal hace que el caso de Corella sea especialmente inquietante: fue uno de los últimos grandes juicios de brujería en Europa, y ocurrió en una institución religiosa donde deberían haberse buscado las respuestas en la teología, no en la demonología.
La confesión que desencadenó todo
No se sabe exactamente qué llevó a que una de las monjas confesara participar en prácticas satánicas. Pudo haber sido angustia genuina, una crisis de salud mental, o quizás una forma de escapar de la vida monástica mediante el escándalo. Lo que sí es cierto es que una vez que la confesión se conoció entre la comunidad, el pánico se propagó. Una mente bajo estrés extremo puede sugerir a otras que también están siendo victimizadas. En cuestión de días, otras monjas comenzaron a reportar experiencias similares.
La Inquisición española en acción
Cuando las autoridades eclesiásticas informaron al tribunal de la Inquisición, se desencadenó una maquinaria judicial diseñada para encontrar culpables. Los inquisidores llegaron a Corella armados con sus procedimientos establecidos. Interrogaron a las monjas, esperando confesar bajo los protocolos del tribunal. Siete de las catorce religiosas fueron finalmente acusadas formalmente por el tribunal. Los documentos del juicio, que se conservan en los archivos históricos españoles, revelan un proceso judicial donde la evidencia de brujería real era nula, pero la certeza de los inquisidores nunca flaqueó.
Las acusaciones y su naturaleza
Las acusaciones en contra de las monjas de Corella incluían confesiones de volar por la noche, de participar en aquelarres donde convocaban y adoraban al diablo, y de mantener relaciones sexuales con entidades demoníacas. En el lenguaje inquisitorial de la época, esto no era simplemente pecado, sino un crimen contra la fe que merecía castigo severo. Sin embargo, durante el juicio, no se presentó evidencia física alguna de tales actividades. Las acusaciones se basaban únicamente en confesiones obtenidas bajo presión, en el contexto de un procedimiento judicial donde la negación era prácticamente inútil.
La película que reescribe la historia
El 10 de julio de 2026, la película El Convento llega a los cines españoles, trayendo este caso olvidado de nuevo a la atención pública. Dirigida por Ángel M. Chivite y Luis Galindo, la película se basa en los hechos reales documentados en las actas del juicio. Sin embargo, una película no es un documental. Cineastas toman libertades narrativas, interpretan motivaciones, y buscan crear drama a partir de los hechos históricos. El Convento no es una presentación académica del caso, sino una exploración de cómo la paranoia, la fe mal dirigida, y la histeria colectiva pueden llevar instituciones respetables a cometer injusticias.
La interpretación moderna de la locura medieval
La película interpreta el caso a través de la lente moderna de la psicología y la sociología. Las monjas no eran realmente brujas, por supuesto, pero ¿qué eran? ¿Mujeres en crisis mental? ¿Víctimas de presión social extrema? ¿Románticas frustradas buscando salida de vidas sin libertad? La película explora estas posibilidades, presentando las acusaciones de brujería como síntomas de problemas mucho más profundos dentro de la institución religiosa.

La realidad del convento de Corella
Corella es un pueblo pequeño en Navarra, cerca de la frontera con La Rioja. El convento de las Carmelitas Descalzas, fundado en el siglo XVI, era uno de varios conventos femeninos de España dedicados a una vida de contemplación y oración. Estos conventos eran instituciones de poder real: controlaban tierras, dinero, y jugaban papeles políticos significativos en sus regiones. Sin embargo, la vida dentro era extremadamente restrictiva. Las monjas Carmelitas Descalzas seguían una regla particularmente severa: renunciaban al mundo, ayunaban frecuentemente, y pasaban largas horas en oración contemplativa. Para una mujer moderna, tal vida sería claustrofóbica. Para una mujer del siglo XVIII, podría haber sido devastadora para la salud mental.
La vida cotidiana en el convento
Dentro de los muros del convento, las monjas tenían poco contacto con el mundo exterior. Sus conversaciones se limitaban, su movimiento era restringido, y sus días seguían un patrón invariable de oración y trabajo manual. En este ambiente, la mente humana puede comenzar a jugar trucos. La soledad extrema, la dieta pobre, el estrés físico del ayuno, todo puede conducir a estados alterados de conciencia que pueden ser interpretados como revelaciones sobrenaturales.
El legado del caso de Corella
El caso de Corella representa el momento final de una era. Después de 1754, los juicios de brujería en Europa, incluso en España, se tornaron cada vez más raros. La Ilustración ganó terreno, la ciencia desplazó a la demonología, y la brujería pasó de ser una amenaza percibida a ser un vestigio del pasado supersticioso. Sin embargo, durante siglos, juicios como el de Corella habían costado vidas. Se estima que entre 40.000 y 60.000 personas fueron ejecutadas por brujería en Europa entre los siglos XV y XVIII. Las monjas de Corella fueron afortunadas: aunque condenadas, no fueron ejecutadas. Fueron encarceladas, se les impuso penitencia, pero la mayoría sobrevivió.
Recuperando la voz de las víctimas
Lo que hace especialmente valiosa la película El Convento es que recupera la voz de estas mujeres. Durante siglos, el caso fue conocido principalmente a través de los registros inquisitoriales, documentos que naturalmente tendían a justificar las acciones del tribunal. La película, sin embargo, nos invita a ver a través de los ojos de las monjas: mujeres atrapadas en un sistema que no permitía escape fácil, cuyos gritos de angustia fueron interpretados como confesiones de brujería.
El caso de las monjas satánicas de Corella nos recuerda que la injusticia no es siempre el resultado de la maldad explícita. A menudo es el producto de sistemas bien intencionados pero mal diseñados, de instituciones que se cierran en sus propias certidumbres. Las monjas de Corella no eran brujas. Eran simplemente humanas, atrapadas en circunstancias que ninguna persona debería soportar. Su historia, rescatada del olvido por una película en 2026, merece ser recordada no como una curiosidad histórica, sino como un advertencia de los peligros de la persecución sin evidencia.