En el municipio de Campello, junto a la costa de Alicante, se alza un pequeño promontorio conocido como La Illeta dels Banyets. Durante milenios, este enclave ha sido ocupado por pobladores que supieron aprovechar su posición estratégica entre el mar y la tierra. En las excavaciones de verano de 2026, los arqueólogos del Museo Arqueológico de Alicante (MARQ) han descubierto una estructura ibérica que aporta luz sobre cómo vivían y construían estas comunidades hace más de dos mil años.
La Illeta dels Banyets: un puerto natural en la antigüedad
La Illeta dels Banyets ha sido durante siglos un lugar privilegiado para el comercio y la vida costera. Su nombre, en valenciano, hace referencia a los baños que pobladores romanos y posterioridad islámicos edificaron en sus cercanías, buscando aprovechar las aguas termales que brotaban naturalmente. Sin embargo, mucho antes de que griegos y romanos pusieran sus pies en estas costas, los iberos ya habían reconocido el valor de La Illeta como puerto natural y centro comercial.
Los iberos fueron una civilización que prosperó en la Península Ibérica entre los siglos VI y I a.C., especialmente en la costa mediterránea y el interior de lo que hoy es Andalucía, Murcia y la Comunidad Valenciana. A diferencia de los griegos o los fenicios, los iberos desarrollaron una cultura propia, con lengua, escritura y una sofisticada organización política y económica. La Illeta dels Banyets fue uno de sus puertos comerciales más importantes, donde los marineros iberos intercambiaban mercancías con otras culturas del Mediterráneo.
El descubrimiento: una casa ibérica con cuatro compartimentos
Las excavaciones de este verano han puesto al descubierto los restos de un edificio ibérico de planta cuadrangular con cuatro compartimentos interiores diferenciados. Su distribución sugiere que se trataba de una vivienda de cierta envergadura, probablemente la casa de una familia acomodada o un espacio de uso comunitario. La presencia de varios cuartos permite a los arqueólogos especular sobre la función de cada espacio: almacén, dormitorio, sala de estar, o incluso talleres artesanales donde se fabricaban herramientas o se procesaban alimentos.
Trazas de fuego que preservan el tiempo
Lo más notable del descubrimiento es que el edificio muestra evidencia de haber sido destruido por fuego en algún momento de su ocupación. Este incendio, que debió ser catastrófico para sus habitantes en el momento, resultó ser una bendición para los arqueólogos modernos. El fuego carboniza y preserva materiales que en condiciones normales se descomponen. Gracias a esta destrucción antigua, los investigadores esperan hallar restos de madera carbonizada, semillas quemadas, textiles carbonizados, y otros vestigios de la vida cotidiana que normalmente no se conservan después de dos milenios.
Reconstruyendo la vida diaria ibérica
Entre los restos del edificio, es probable que aparezcan objetos de cerámica ibérica característica, herramientas de hierro o bronce, restos de alimentos como huesos de animales o semillas, e incluso inscripciones en la lengua ibérica, que hasta ahora permanece parcialmente descifrada. Cada objeto pequeño cuenta una historia: una aguja de hueso revela que se cosía ropa; un molino de piedra sugiere que se molía cereal; un anzuelo de bronce indica actividad pesquera. En conjunto, todos estos detalles permiten a los arqueólogos tejer una narrativa coherente sobre cómo era la existencia en La Illeta hace 2.300 años.
La arquitectura ibérica: una alternativa mediterránea
Lo que fascinaba a los antiguos griegos y fenicios, y lo que hoy fascina a los arqueólogos, es cómo los iberos desarrollaron un estilo arquitectónico propio que no era una copia de sus vecinos mediterráneos, sino una adaptación inteligente al clima, al terreno y a las necesidades económicas locales. Las casas ibéricas típicamente utilizaban piedra y adobe, materiales que se secaban al sol bajo el intenso calor mediterráneo. Los muros eran relativamente gruesos para mantener la temperatura fresca en verano y más cálida en invierno.

El edificio descubierto en La Illeta dels Banyets sigue estos patrones constructivos. Su planta cuadrangular compartimentada es más eficiente en términos de clima que una sola gran sala, porque permite que el calor se disipe de manera más uniforme y que diferentes actividades se separen espacialmente. Este nivel de sofisticación arquitectónica revela que los iberos comprendían bien los principios de la ingeniería, aplicándolos a la construcción de viviendas funcionales y duraderas.
El contexto económico: puerto y mercado del Mediterráneo ibérico
La Illeta dels Banyets no fue elegida al azar. Su ubicación en la costa alicantina la convertía en punto de encuentro natural entre rutas comerciales. Los arqueólogos han encontrado en el sitio artefactos de origen lejano: ánforas greco-púnicas, monedas de ciudades ibéricas distantes, e incluso fragmentos de cerámica etrusca. Esto indica que La Illeta era un mercado internacional, donde marineros de varias nacionalidades se reunían para comprar y vender.
¿Qué comerciaban los iberos? Las pruebas apuntan a varias mercancías: pescado salado (que se enviaba en ánforas), sal de las salinas locales, vino de las regiones interiores, cobre y estaño de las minas del Levante ibérico, y posiblemente granos. A cambio, recibían vino griego, aceite de oliva, productos manufacturados de Fenicia, y otros bienes de lujo. Este intercambio comercial era la sangre que corría por las venas de La Illeta, permitiendo que sus habitantes prosperasen y pudieran construir casas sólidas con múltiples habitaciones.
Del incendio al renacimiento: qué pasó después
Los arqueólogos aún no tienen certeza sobre las causas del incendio que destruyó el edificio descubierto. Pudo haber sido un accidente doméstico, un conflicto violento entre pueblos ibéricos rivales, o incluso un ataque de piratas del Mediterráneo. Lo que sí parece claro es que La Illeta no fue abandonada tras este desastre. Las excavaciones revelan ocupación humana en épocas posteriores, primero bajo dominio cartaginés, y luego romano. La Illeta dels Banyets fue un lugar lo suficientemente estratégico como para ser reconstruido una y otra vez a lo largo de los siglos, hasta que finalmente fue abandonada tras la caída del Imperio Romano.
Este descubrimiento en La Illeta dels Banyets es un recordatorio de la sofisticación alcanzada por los iberos y de cómo comunidades del pasado lejano ingeniaban soluciones constructivas efectivas, basadas en el conocimiento acumulado durante generaciones. Su arquitectura, aunque simple en comparación con los templos griegos o los foros romanos, es el testimonio silencioso de un pueblo que comprendía su entorno y sabía cómo prosperar en él.