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El ADN oculto en las cuevas: desvelamos quiénes pintaban hace 5.000 años

Óscar Navarro 05 de July de 2026 47 lecturas 5 min de lectura
Cueva de Escoural con arte rupestre donde se extrajo ADN humano de 5.000 años de antigüedad
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El descubrimiento que abre una nueva puerta al pasado

Un hallazgo sin precedentes acaba de transformar radicalmente la forma en que los arqueólogos pueden investigar a las antiguas poblaciones humanas. Investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, bajo la dirección de Alba Bossoms Mesa, han conseguido lo que parecía imposible: recuperar fragmentos de ADN humano directamente de las superficies de arte rupestre, sin necesidad de excavar huesos ni dientes. Este logro, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications como parte del proyecto FIRST ART, representa un antes y un después en la paleogenética y abre caminos completamente nuevos para entender quiénes fueron nuestros antepasados más remotos.

Durante décadas, los arqueólogos han dependido exclusivamente de restos óseos, dientes, sedimentos y artefactos para extraer información genética del pasado. Las manos que pintaron en las cuevas, los cuerpos que dejaron rastros en las cavidades milenarias, parecían condenados al anonimato genético. Pero la ciencia ha encontrado una solución inesperada: el material biológico depositado en las propias paredes pintadas, conservado durante miles de años bajo capas de calcita, contiene fragmentos de ADN que pueden revelar la identidad de aquellos artistas olvidados.

Técnica revolucionaria en las cuevas españolas y portuguesas

El equipo internacional, integrado por especialistas de España, Portugal, Alemania, Reino Unido y China, analizó meticulosamente 24 paneles de arte rupestre situados en 11 cavidades diferentes. Utilizaron avanzadas técnicas de secuenciación molecular para procesar un total de 120 elementos: fragmentos rocosos, sedimentos acumulados, costras de calcita que cubrían los motivos, restos óseos dispersos en las cuevas y hasta un utensilio de aerografía prehistórica, probablemente utilizado para soplar pigmento sobre las paredes.

El proceso fue extraordinariamente minucioso, porque el material genético se encontraba en estado de degradación extrema tras milenios de permanencia en las cavidades. De las 120 muestras analizadas, solo cinco proporcionaron resultados concluyentes. Pero esos cinco éxitos son oro puro para la ciencia: el equipo pudo determinar que tres de ellas pertenecían a mujeres, una a un varón, y una quedó sin determinación de sexo. El material genético provenía probablemente de saliva, sudor o células de la piel que los artistas dejaron al tocar las paredes, al soplar pigmento o simplemente al respirar en espacios cerrados.

Cazadores-recolectores que poblaron el occidente hace 5.000 años

El análisis genético reveló que el material biológico procedía de cazadores-recolectores occidentales posteriores a la última glaciación, un período clave en la historia humana europea. Estos antepasados nuestros vivían en un mundo radicalmente distinto al nuestro: un continente aún marcado por los cambios climáticos después de la Edad de Hielo, con una fauna megafaunística desaparecida hace ya milenios, con recursos limitados que obligaban a grupos pequeños de humanos a desplazarse continuamente en busca de alimento.

Las cuevas de Escoural en Portugal y la del Covarón en España fueron los principales focos de investigación. La cueva de Escoural, en particular, proporcionó muestras excepcionales conservadas bajo costras calcificadas que actuaron como una especie de sarcófago natural, protegiendo el frágil material genético de la contaminación ambiental. Incluso la legendaria cueva de Altamira, en Cantabria, fue incluida en el muestreo, extendiendo el alcance del proyecto a uno de los yacimientos de arte rupestre más emblemáticos de España.

Una ventana sin precedentes a la arqueología molecular

Lo más revolucionario de este descubrimiento no es solo que se haya conseguido extraer ADN de superficies rocosas pintadas, sino que abre un repertorio completamente nuevo de fuentes de información. Hasta ahora, los arqueólogos estaban limitados a los contextos donde el material óseo se conservaba excepcionalmente bien: ambientes muy secos, muy fríos, muy anegados, o donde las condiciones químicas del suelo favorecían la fosilización. Las cuevas con arte rupestre, aunque ofrecen un clima relativamente estable, no siempre garantizaban la preservación de huesos completos o dientes.

Ahora, esa limitación desaparece. Cualquier cueva con arte rupestre se convierte potencialmente en una fuente de información genética sobre sus creadores. Los investigadores pueden rastrear poblaciones antiguas sin necesidad de perforar suelos, sin invasividad arqueológica, simplemente analizando con técnicas de laboratorio sofisticadas lo que quedó adherido a las rocas. Esta metodología menos invasiva abre perspectivas fascinantes para investigaciones futuras, especialmente en yacimientos donde se ha restringido la excavación tradicional para preservar la integridad cultural y científica del contexto.

Implicaciones para comprender nuestro pasado remoto

Con este precedente establecido, los investigadores esperan poder ampliar sus análisis a otras cuevas de arte rupestre en toda Europa. El proyecto FIRST ART ha demostrado que la metodología funciona, que el ADN puede recuperarse, que puede secuenciarse y analizarse. Cada nueva muestra aportará información sobre quiénes eran estos cazadores-recolectores: su origen geográfico, sus migraciones, sus relaciones de parentesco, incluso aspectos de su salud y su adaptación al entorno.

Los descubrimientos genéticos se pueden cruzar luego con el análisis artístico: ¿pintaban predominantemente mujeres? ¿Había roles específicos según el sexo? ¿Llevaban grupos familiares completos a las cuevas, o eran expediciones selectivas? Preguntas que parecían condenadas al misterio pueden comenzar a responderse con rigor científico. Este hallazgo recuerda que la arqueología sigue siendo una ciencia viva, en constante evolución, capaz de desvelar secretos guardados durante miles de años si se aplican herramientas innovadoras con paciencia y creatividad.

Fuente: La República

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