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Siglo XX

La Nueve y la liberación de París en 1944

La compañía formada casi en su totalidad por exiliados republicanos españoles que entró primero en la capital francesa ocupada por los nazis

Carmen Puerta 25 de August de 2026 1 lecturas 7 min de lectura
Vehículos blindados de la 2ª División Blindada del general Leclerc entrando en París el 24 de agosto de 1944
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Anochecía el 24 de agosto de 1944 cuando una columna de vehículos blindados avanzó hacia París por la Porte d'Italie. En los cascos de los semiorugas había nombres que ningún mando militar francés había ordenado pintar: Guadalajara, Teruel, Madrid, Ebro, Belchite. No eran alusiones sacadas de un libro de historia. Los hombres que iban dentro de esos vehículos habían peleado esas batallas de verdad, cinco años antes, vestidos con otro uniforme y en un bando que había perdido la guerra.

Aquella unidad se llamaba oficialmente 9ª Compañía del Regimiento de Marcha del Chad, integrada en la 2ª División Blindada del general Philippe Leclerc. Sus propios soldados la rebautizaron como "La Nueve". De sus 160 hombres, 146 eran republicanos españoles que habían salido de España tras la derrota de 1939 y que, por caminos muy distintos, habían acabado enrolados en el ejército de la Francia Libre. Esa noche de agosto fueron, según coinciden los historiadores que han reconstruido el episodio, los primeros soldados aliados en pisar la capital francesa ocupada.

De las trincheras del Ebro a los campos de internamiento franceses

La ruta que llevó a estos hombres hasta París empezó en la derrota. Tras la caída del frente catalán, cientos de miles de republicanos cruzaron la frontera francesa a comienzos de 1939 en lo que se conoce como la Retirada. Francia, que no estaba preparada para acoger a tal cantidad de refugiados, los internó en campos de playa mal acondicionados, como el de Argelès-sur-Mer, en condiciones muy duras. De ahí, buena parte de estos hombres pasó a compañías de trabajadores extranjeros y, tras la ocupación alemana de Francia en 1940, muchos fueron trasladados o huyeron hacia el norte de África.

De los campos de trabajo a los Cuerpos Francos de África

Fue en el norte de África donde el destino de estos exiliados se cruzó con el de la guerra que se libraba contra Alemania. En 1942, tras el desembarco aliado que dio inicio a la campaña de Túnez, varios cientos de españoles se alistaron en los Cuerpos Francos de África para combatir al Afrika Korps de Rommel. Uno de ellos era Amado Granell, nacido en Burriana en 1898, que había sido teniente de alcalde socialista en Orihuela antes de la guerra y que, tras pasar por un campo de internamiento francés en el Magreb, se incorporó a esas unidades. En los combates por Bizerta resultó herido en la cabeza y ganó allí sus primeros galones de teniente del nuevo ejército al que se había sumado.

 

El teniente Amado Granell, uno de los oficiales republicanos españoles al frente de La Nueve
El teniente Amado Granell, uno de los oficiales republicanos españoles al frente de La Nueve

 

Una compañía que sus soldados bautizaron a su manera

La 9ª Compañía se formó el 13 de mayo de 1943 dentro del Regimiento de Marcha del Chad, ya integrado en la división que mandaba Leclerc. El capitán francés Raymond Dronne quedó al frente de la unidad, con Granell como su principal oficial español. Cuando llegó el material, los soldados decidieron los nombres de sus semiorugas y vehículos: además de las batallas ya citadas, hubo unidades bautizadas Guernica o Brunete, y hasta un jeep de mando al que llamaron con un nombre en francés que aludía, sin demasiada finura, a la torpeza del enemigo. Dronne, que llegó a mandarlos en combate durante más de un año, escribiría meses después, el 1 de enero de 1945: "Los españoles han combatido de forma extraordinaria. Son difíciles de mandar, pero tienen mucho valor y mucha experiencia de combate".

 

Uno de los semiorugas de la compañía, bautizado con el nombre de una batalla de la Guerra Civil española, durante el avance hacia París
Uno de los semiorugas de la compañía, bautizado con el nombre de una batalla de la Guerra Civil española, durante el avance hacia París

 

La noche en que llegaron primero a un Ayuntamiento sitiado

Después del desembarco de Normandía y semanas de avance por el interior de Francia, la 2ª División Blindada recibió la orden de dirigirse hacia París, donde la Resistencia se había levantado contra la guarnición alemana. Leclerc decidió que fuera la 9ª Compañía la que entrara primero en la ciudad, adelantada al grueso de la división. Sobre las ocho de la tarde del 24 de agosto, la columna cruzó la Porte d'Italie, al sur de la capital, y avanzó entre calles todavía disputadas hacia el centro. La sección al mando de Granell llegó al Ayuntamiento poco antes de las nueve y media de la noche, donde fue recibida por miembros del Consejo Nacional de la Resistencia francesa, que llevaban días resistiendo dentro del edificio.

Amado Granell, el primer oficial aliado en la plaza del Ayuntamiento

El propio Granell, años después, resumió su relación con los dos países en una frase que ha quedado recogida en varios testimonios: "Francia es mi novia, pero España es mi madre". Fue condecorado por Leclerc con la Legión de Honor por su papel aquella noche. Nunca recuperó la nacionalidad española bajo el franquismo ni volvió a vestir un uniforme regular pese a que De Gaulle se lo ofreció; siguió vinculado a la causa republicana en el exilio hasta que, ya en democracia municipal francesa como concejal en Francia, regresó a España en sus últimos años. Murió en 1972 en un accidente de tráfico cerca de Valencia, tres años antes de la muerte de Franco.

La rendición alemana y el desfile bajo la bandera republicana

Al día siguiente, 25 de agosto, el resto de la división y las tropas aliadas terminaron de tomar la ciudad. El general Dietrich von Choltitz, gobernador militar alemán de París, firmó la rendición de la guarnición esa misma tarde, desobedeciendo la orden de Hitler de incendiar la ciudad antes de perderla. Por la noche, Charles de Gaulle pronunció desde el Ayuntamiento su discurso más recordado, con aquella letanía sobre una ciudad "ultrajada", "destrozada" y "martirizada", pero también "liberada por ella misma". Dos días después, el 26 de agosto, un desfile de la victoria recorrió los Campos Elíseos. Entre los vehículos que participaron iba uno con la bandera tricolor de la Segunda República española ondeando junto a la francesa, un detalle que durante décadas apenas mereció mención en los relatos oficiales de la liberación.

 

Desfile de la victoria por los Campos Elíseos, el 26 de agosto de 1944, dos días después de la entrada de La Nueve en la ciudad
Desfile de la victoria por los Campos Elíseos, el 26 de agosto de 1944, dos días después de la entrada de La Nueve en la ciudad

 

Un ejército de exiliados sin país al que volver

Lo que hace especialmente revelador este episodio no es solo que un grupo de españoles llegara primero a un punto simbólico de la capital francesa, sino lo que dice sobre cómo se construyen después los relatos nacionales de una guerra. Durante décadas, la historiografía francesa oficial y el propio imaginario popular sobre la liberación de París apenas mencionaron el origen de aquellos soldados: eran, sencillamente, tropas de Leclerc. Solo con el paso de las generaciones, y sobre todo a partir de los aniversarios redondos de 2004 y 2014, empezaron a instalarse placas conmemorativas en París y a dedicarse un jardín, junto al Ayuntamiento, a los combatientes de La Nueve. Para entonces, casi ninguno de aquellos hombres seguía vivo para verlo.

De los 146 españoles que entraron en la compañía, solo unos veinte llegaron con vida hasta el final de la guerra en mayo de 1945, cuando la unidad participó en la toma del Nido del Águila de Hitler en Berchtesgaden. Los supervivientes, en su mayoría comunistas, anarquistas o socialistas sin afiliación a ningún partido concreto, se encontraron con un país, España, que seguía bajo la dictadura de Franco y al que no podían regresar sin riesgo. Muchos optaron por quedarse en Francia el resto de su vida, sin llegar nunca a sentirse plenamente franceses ni poder volver a sentirse españoles con normalidad. Fueron, en ese sentido, hombres que liberaron una capital ajena mientras la suya propia seguía ocupada por un régimen que ellos mismos habían combatido primero.

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